Historia

Padre del mestizaje

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Sábado 31 de octubre de 2026

Era el año 1511 Gonzalo Guerrero navegaba de Panamá a Santo Domingo cuando su carabela encalló en los Bajos de Víboras, frente a Jamaica, fueron 20 sobrevivientes los que quedaron a la deriva por catorce días hasta que llegaron a las costas de Yucatán, territorio maya.

Allí los capturaron y la mayoría fueron sacrificados, solo sobrevivieron dos, Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero.

Guerrero era marinero de Palos de la Frontera, en Huelva, arquero de guerra y experto en tácticas militares, primero sirvió como esclavo del cacique de Xamancan, escapó y llegó a Chetumal con el poderoso Nachán Cán.

Impresionado por su valentía Nachán Cán lo hizo jefe de sus guerreros y Guerrero hizo algo que ningún europeo había hecho: aceptó por completo la cultura maya, se hizo el ritual del tatuaje maya, dolorosísimo, cubriendo brazos, torso y cara, se perforó orejas, nariz y labio inferior con jade, se afiló los dientes, aprendió maya yucateco a la perfección y se casó con la princesa Zazil Há, hija de Nachán Cán.

Con ella tuvo tres hijos, son considerados los primeros mestizos documentados de la historia de México.

En 1519 llega Hernán Cortés a Cozumel y se entera que hay dos españoles con los mayas, rescata a Aguilar que vuelve a ser español y se convierte en traductor de Cortés, manda por Guerrero y un mensajero maya le lleva la carta.

Guerrero aparece tatuado, semidesnudo, con su esposa e hijos, lee la carta y responde la frase que lo hizo inmortal: hermano Aguilar, yo estoy casado y tengo tres hijos, me tienen por cacique y capitán cuando hay guerras, tengo labrada la cara y horadadas las orejas, qué dirán de mí esos españoles si me ven ir de esta manera, idos vos con Dios.

Aguilar se fue, Guerrero se quedó, desde ese momento Gonzalo Guerrero se convirtió en el mayor dolor de cabeza de la conquista en Yucatán, enseñó a los mayas a pelear en formación cerrada, a construir fortificaciones y trampas, a no temer a los caballos y a los cañones.

Durante 17 años Yucatán resistió la conquista gracias en gran parte a él, los españoles lo llamaban el traidor.

Murió el 13 de agosto de 1536 en la Batalla del Río Ulúa, en Honduras, luchando al frente de un ejército maya contra las tropas de Pedro de Alvarado.

Murió con una flecha en el ombligo, con el cuerpo tatuado, con barba, con ojos claros y piel morena por el sol maya, cuando los españoles lo encontraron lo reconocieron por la barba.

Hoy en Akumal y Chetumal hay estatuas de él con su esposa Zazil Há y sus hijos, en México lo llaman Padre del Mestizaje, el único español que no quiso conquistar, sino pertenecer.

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