PORQUÉ LA IGLESIA PROHIBIÓ LA COMUNIÓN EN LA MANO


Miércoles 14 de octubre de 2026
En los primeros nueve siglos de la Iglesia, la comunión se daba en la mano. Lo testifica San Cirilo de Jerusalén en el año 348 en su Catequesis Mistagógica:
«No te acerques con las palmas extendidas ni con los dedos separados, sino haz con la izquierda un trono para la derecha, ya que esta mano está a punto de recibir al Rey. Recibe el Cuerpo de Cristo diciendo Amén. ¿Si alguno te diese limaduras de oro no las guardarías con toda diligencia? ¿No procurarás con mucha más diligencia que no se te caiga ninguna migaja de lo que es más precioso que el oro y las piedras preciosas?»
Ojo, no era como hoy. Era con un terror sagrado a que cayera una sola partícula, porque sabían que cada partícula es Cristo entero.
Por eso los Padres de la Iglesia eran tajantes:
Tertuliano: «Cuidamos escrupulosamente que algo del cáliz o del pan pueda caer a tierra».
San Hipólito de Roma: «Que ningún fragmento caiga y se pierda, porque es el Cuerpo de Cristo y no debe ser despreciado».
Orígenes: «Os consideraríais justamente culpables si cayese algo en tierra por negligencia vuestra».
San Efrén de Siria lo dijo de forma brutal: «Una partícula de sus migas puede santificar a miles de miles».
Pero con los siglos empezó el abuso. La gente se llevaba la Hostia consagrada para hacer brujería, la enterraban en los campos para tener mejores cosechas, la tocaban con manos sucias. Se perdían fragmentos en el suelo.
Por eso la Iglesia, para proteger la Eucaristía, prohibió la comunión en la mano.
En el año 878 el Concilio de Rouen lo decretó con pena de excomunión: «La Eucaristía no debe ser colocada en las manos de un laico, sea varón o mujer, sino sólo en la boca. Si alguien desobedece esta norma, dado que desprecia a Dios Omnipotente, sea excluido del altar».
Santo Tomás de Aquino lo explicó teológicamente en la Suma Teológica: «Nada toca este Sacramento, sino lo que es consagrado; por eso el cáliz es consagrado y las manos del sacerdote son consagradas».
Desde el siglo XIII hasta hoy, la norma universal y oficial de la Iglesia es comulgar en la boca.
En 1969 Pablo VI hizo una consulta mundial a todos los obispos para ver si querían cambiar a la mano. El resultado fue aplastante: 1,233 obispos votaron NO y solo 567 votaron SÍ.
A pesar de eso, Pablo VI permitió la comunión en la mano solo como INDULTO, como excepción, no como norma.
Y hoy el Magisterio sigue diciendo lo mismo:
Redemptionis Sacramentum 92: «Todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca».
Misal Romano 161: «Recibe el Sacramento, en la boca, o donde haya sido concedido, en la mano, según su deseo».
Por eso los santos modernos solo daban la comunión en la boca y de rodillas. El Padre Pío nunca la dio en la mano. La Madre Teresa de Calcuta decía: «El mayor mal en el mundo de hoy es la comunión en la mano».
No se trata de juzgar a quien comulga en la mano. Se trata de volver a creer que cada partícula, por mínima que sea, es EL MISMO CRISTO entero.
