El día que Madero llegó y la tierra tembló


El mismo día que Francisco I. Madero entró triunfalmente a la Ciudad de México, un fuerte terremoto había sacudido la capital
La mañana del 7 de junio de 1911, un sismo con magnitud estimada entre 7.6 y 7.8 y epicentro frente a las costas de Michoacán sacudió buena parte del occidente y centro del país.
En la Ciudad de México el movimiento fue suficientemente fuerte para derribar parte del cuartel del Tercer Regimiento de Artillería, en San Cosme, además de provocar daños en viviendas, iglesias, calles y vías del tranvía.
También resultaron afectados edificios como el Palacio Nacional, la Escuela Normal para Maestros y la Escuela Nacional Preparatoria.
Y mientras la ciudad todavía resentía los efectos del terremoto, Madero estaba por llegar.
A las 12:30 del día, el tren que transportaba al líder revolucionario arribó a la capital. La estación Colonia y las calles estaban abarrotadas: miles de personas querían verlo después de la caída de Porfirio Díaz.
Madero avanzó hacia el centro acompañado por su familia, mientras la multitud lo seguía entre gritos, aplausos, campanas y cohetes. Algunas fuentes de la época calcularon que la recepción reunió a más de cien mil personas.
La coincidencia entre ambos acontecimientos dio origen a una frase que rápidamente se volvió popular:
“El día que Madero llegó, hasta la tierra tembló.”
La prensa incluso convirtió la coincidencia en caricaturas y hojas populares. Una de ellas mostraba a Madero entrando a una Ciudad de México afectada por el terremoto.
Y hay algo todavía más interesante: el Servicio Sismológico Nacional apenas había sido creado en septiembre de 1910, por lo que aquel terremoto fue uno de los primeros grandes sismos registrados por la nueva red sismológica mexicana.
Así, el 7 de junio de 1911 quedó marcado por una coincidencia extraordinaria: mientras la tierra recordaba que México seguía siendo un país sísmico, las calles de la capital recibían a quien, pocos meses después, se convertiría en presidente de México.
