Opinión

El retorno de Rocha Moya a la gubernatura

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Sábado 22 de agosto de 2026

Por Ricardo Pascoe Pierce

El regreso de Rubén Rocha a la gubernatura de Sinaloa es un desafío directo de Andrés Manuel López Obrador a varias instituciones, simultáneamente. Es su declaración de guerra en contra de ellas.

En primer lugar, es una imposición a la Presidencia de la República y a la presidenta. Es así como le expresa su enojo por no haber defendido categóricamente a su vástago en el momento de perder su visa a Estados Unidos, lo cual le coloca en la antesala de su indictment de un juzgado de ese país. Es decir, la pérdida de la visa criminaliza a su hijo.

Segundo, es una reacción de rechazo y confrontación con la SSC federal que dirige Omar García Harfuch por haber viajado a Buenos Aires a una reunión de la DEA y, simultáneamente, haber legitimado la operación de la DEA en México.

López Obrador exige la renuncia de Harfuch de inmediato. Para ello, moviliza el apoyo del Ejército, que también busca la remoción del secretario de la SSC federal.

La crisis en el gabinete de seguridad es profunda y sin solución fácil.

Tercero, López Obrador le declara la guerra a la DEA y promueve una declaratoria de su expulsión del país.

La campaña de Morena a favor de la soberanía sirve a este propósito: movilizar al partido y confrontar a la “invasión estadounidense” y exigir la expulsión de los elementos proyanquis dentro del gobierno de Sheinbaum.

Por último, coloca a México a la cabeza de los países latinoamericanos izquierdistas, como Cuba y Nicaragua, “en resistencia” contra la oleada derechista en el continente.

La campaña “soberanista” de Morena sirve para confrontar a Estados Unidos en toda la extensión de la palabra.

López Obrador está en pie de guerra. Lo está porque siente pasos en su azotea. Para defenderse está dispuesto a retomar el poder, incluso jugando la carta de un golpe de Estado del ejército en contra de Sheinbaum si ella se niega a acatar sus instrucciones.

La enfermedad de la presidenta es un acto en defensa propia: busca alejarse de los reflectores para decidir su próximo paso.

Hoy Sheinbaum se juega el resto de su sexenio. Puede subordinarse totalmente a los dictados de López Obrador. Ello implicaría entrar en un modo de enfrentamiento generalizado con el gobierno de Estados Unidos y su aparato de justicia e inteligencia.

Probablemente implicará algún tipo de congelamiento del T-MEC. Vendrán tiempos de ser paria a nivel internacional para México. Esa historia será suya y su legado como primera presidenta de México. O sea, la debacle.

Pero también puede romper con López Obrador, ordenando el arresto de Rocha en Sinaloa para traerlo a la justicia y exiliando a toda la ex familia presidencial a Cuba o Rusia, si lo prefiere.

Ello implicaría cambiar su gabinete, romper el pacto narco y establecer un gobierno de unidad nacional con elementos moderados de Morena y de la oposición. Implicaría reconstruir la relación con Washington.

No actuar ahora hará que otros lo hagan por ella. Ese es el mayor peligro .

Unos dirán que hay rutas intermedias. El problema es que López Obrador está en la ruta del todo o nada. Y probablemente tiene la razón: él está arrinconado y jugará todas sus cartas para salvarse a él, su familia y su menguante poder.

En resumidas cuentas, los días del reino de la Cuarta Transformación están contados.

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