Opinión

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Lunes 28 de septiembre de 2026

Por Alejandra Yáñez Rubio

Mientras en algunos lugares, colectivos abortistas insisten en que es el día internacional del aborto legal, gratuito y seguro, muchas personas más recordamos que en realidad es el Día Mundial contra la Rabia.

Y creo que, en este caso, no se trata solo de recordar el aniversario luctuoso de Louis Pasteur, científico francés que desarrolló la primera vacuna antirrábica.

El wokismo, el relativismo y la izquierda radical, combinados, constituyen un verdadero virus que ha permeado en la mente de millones de personas. Éstas creen que asesinar niños inocentes dentro del vientre de su madre, permitir que hombres usurpen el lugar de las mujeres, entre otros actos humanos, constituyen símbolos de progreso humano.

Y la mejor manera de combatir este virus es con una gran vacuna: SENTIDO COMÚN.

No es agradable criticar a aquellas personas que piensan diferente a mí. PERO, a lo largo de los años, he descubierto que, para las feministas abortistas, solo las mujeres que piensan como ellas tienen derechos. Las mujeres conservadoras o creyentes, no.

Y he visto cómo, a pesar de que existen muchas injusticias cometidas en contra de niñas y mujeres, ellas insisten en imponer un combo de propuestas que, en realidad, no proveen soluciones.

Las mujeres víctimas de violencia siguen solas, sin acompañamiento. Es mentira que con el aborto disminuirán las injusticias cometidas contra el 50 % de la población.

Tampoco es justo que hombres utilicen los presupuestos limitados de las mujeres, para imponer la agenda transexual.

Y mientras los colectivos aborteros insistan en convocar marchas para exigir la legalización total del aborto —es decir, que se pueda terminar con la vida de un bebé en su etapa intrauterina durante toda la gestación—, en los hospitales mujeres y hombres enfrentan condiciones indignantes de atención sanitaria: falta de insumos y medicamentos, escasas consultas de calidad y limitado acceso a operaciones quirúrgicas.

Y mientras estas mujeres confundidas organizan marchas contra la “misoginia” y exigen políticas públicas antinaturales e incorrectas, vandalizan iglesias, monumentos y negocios particulares, muchos de ellos de mujeres trabajadoras que repudian sus ideas.

Si de verdad quisieran combatir el mal que aqueja a las mujeres, no solo ajustarían sus pliegos petitorios a la realidad material, sino que, además, se manifestarían y harían sus pintas en el Palacio de Gobierno, en las Fiscalías —donde muchas veces se genera la injusticia por la negligente construcción de carpetas de investigación— y en los congresos.

¿Cuántas leyes mal redactadas permiten que la violencia sexual contra menores, adolescentes y mujeres no sea perseguida y sancionada con severidad?

¿Alguna vez te has preguntado por qué no vandalizan las instituciones que más nos han fallado a las mujeres? Pues porque no son tontas. Ellas instrumentalizan el dolor de las mujeres a favor de una agenda que les da dividendos. No participarán en la verdadera lucha contra la injusticia, puesto que eso implicaría persecución y cárcel. Además, ahí no hay paga de la International Planned Parenthood o de la Fundación Ford.

Por eso vemos mujeres que dicen ser feministas y promueven el aborto ilimitado, los vientres de alquiler y la agenda transexual que nos borra y permite que “hombres que dicen sentirse mujeres” utilicen el presupuesto y los mecanismos de protección para las mujeres. Estas mujeres “que dicen ser feministas” promueven prácticas que nos cosifican, denigran y vulneran.

Estamos en una época en que no basta el pensamiento crítico. Y eso se debe a que, gracias al wokismo, al relativismo y a la izquierda radical imperantes, el pensamiento crítico se ha resignificado y ahora significa “criticar todo aunque no tenga idea de qué va el tema”.

Todos tenemos que desarrollar pensamiento analítico. Primero, para detectar injusticias. Segundo, para entender cómo estos colectivos ni defienden a las mujeres, ni defienden derechos. Tercero, proponer soluciones integrales que den respuesta a las necesidades de injusticia de esta nación.

Solo así podremos vacunarnos contra el virus WOKE.

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