Historia

La muerte de García Lorca

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Miércoles 19 de agosto de 2026

Federico García Lorca pasó sus últimos siete días escondido en una casa donde creía estar a salvo.

Leía, tocaba el piano y bajaba al refugio cuando sonaban las bombas. Después, una tarde de agosto, llamaron a la puerta.

Granada vivía semanas de miedo en 1936. Tras varios registros en la Huerta de San Vicente, la residencia de su familia, Lorca entendió que permanecer allí podía ser peligroso.

Tenía 38 años y era ya uno de los escritores españoles más reconocidos de su generación.

El 9 de agosto buscó refugio en casa de su amigo, el poeta Luis Rosales.

La elección parecía extraña, pero tenía una lógica desesperada: varios hermanos de Rosales estaban vinculados con la Falange. Federico pensó que precisamente eso podía protegerlo.

Durante una semana permaneció casi oculto en el segundo piso de aquella vivienda. Los testimonios familiares recuerdan una rutina inquietantemente normal para un hombre que sabía que algo ocurría a su alrededor.

Pasaba parte del tiempo leyendo y tocando el piano. Cuando había bombardeos, se refugiaba junto con los demás habitantes de la casa.

La tarde del 16 de agosto llegaron hombres armados.

La vivienda fue rodeada y Federico fue detenido. Según el recuerdo de Miguel Rosales, cuando comprendió que debía acompañarlos se puso pálido. Las mujeres de la casa comenzaron a llorar.

Lorca se vistió y salió caminando.

Su familia todavía intentó salvarlo. Su padre y Miguel Rosales recurrieron a un abogado y buscaron la manera de intervenir, pero ya era demasiado tarde.

Federico fue llevado al Gobierno Civil de Granada. Poco después terminó en la zona de Víznar y Alfacar, donde fue fusilado durante la represión que siguió al comienzo de la Guerra Civil.

Nunca regresó a casa.

Sus poemas, sus obras de teatro y su nombre atravesaron generaciones, países e idiomas. Su cuerpo, en cambio, desapareció. Décadas de investigaciones y búsquedas no han conseguido establecer con certeza dónde fueron enterrados sus restos.

Tal vez por eso la historia de Lorca conserva una dimensión especialmente humana: detrás del escritor universal hubo un hombre de 38 años que, durante sus últimos días, se escondió en una habitación, leyó libros, tocó un piano y confió en que la casa de un amigo sería suficiente para mantenerse con vida.

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