Intentaron envenenarlo inútilmente


Miércoles 12 de agosto de 2026
Según la biografía tradicional escrita por el Papa San Gregorio Magno, San Benito se enfrentó a una conspiración mortal por parte de los mismos monjes a quienes había sido llamado a guiar.
Tras la muerte del abad de un monasterio cercano, la comunidad le rogó a Benito que se convirtiera en su superior.
Él les advirtió que sus estilos de vida eran muy diferentes y que no se llevarían bien. Finalmente, aceptó por caridad.
Pero los monjes pronto se inquietaron bajo su firme y santa disciplina. Prefiriendo sus antiguas y más relajadas costumbres, algunos decidieron asesinarlo. Mezclaron veneno en su vino.
Cuando llevaron la copa a la mesa para la bendición del abad, como era costumbre, Benito levantó la mano con serenidad e hizo la señal de la cruz sobre ella.
En ese preciso instante, la copa se hizo añicos, como si la señal de la cruz la hubiera golpeado como una piedra.
La «bebida de la muerte», escribe San Gregorio, no pudo soportar el «signo de la vida».
Benito comprendió al instante lo sucedido. Levantándose con rostro sereno y espíritu tranquilo, simplemente dijo:
«Dios Todopoderoso tenga misericordia de ustedes y los perdone. ¿Por qué me han tratado así? ¿Acaso no les dije de antemano que nuestros caminos de vida jamás podrían concordar? Vayan y busquen otro padre más acorde a sus deseos. No me quedaré más tiempo entre ustedes».
Luego, regresó en silencio a la soledad que tanto amaba.
Leer esto reveló tanto el poder de la Santa Cruz como la mansedumbre de un verdadero hombre de Dios.
El mal no pudo vencer la bendición de Cristo, y Benito respondió no con ira, sino con perdón y libertad.
