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Steven Seagal, Japón y el Aikido

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Sábado 8 de agosto de 2026

En 1979, Steven Seagal todavía no había rodado una sola película. Tenía 27 años, vivía en Japón y buena parte de la vida que años después alimentaría su imagen de maestro marcial estaba transcurriendo junto a una mujer que entonces poseía un grado de aikido superior al suyo. Era Miyako Fujitani.

Miyako había comenzado a practicar aikido cuando estudiaba secundaria. En 1967 realizó su examen de primer dan en Osaka ante Morihei Ueshiba, fundador de la disciplina. Cuando conoció a Seagal en California en la década siguiente, ella ya era segundo dan.

Seagal acababa de alcanzar el primer dan.

Miyako regresó a Japón y él la siguió. Se casaron y se establecieron en Osaka. Allí nació su primer hijo, Kentaro, el 3 de octubre de 1975. Su hija Ayako llegaría el 7 de diciembre de 1979.

El centro de aquella vida familiar era el aikido.

Miyako ya dirigía una escuela cuando trasladó su actividad a Osaka y creó el Tenshin Dojo. Aunque ella tenía mayor graduación, decidió colocar a su esposo como instructor principal.

Con el tiempo, las clases de Seagal atrajeron numerosos alumnos y él desarrolló un estilo de movimientos rápidos y contundentes que algunos de sus discípulos recordarían décadas después como muy diferente de lo que habían visto anteriormente.

Durante esos años, Seagal enseñó y perfeccionó el elemento que más tarde lo distinguiría de otros actores de acción: no necesitaba aprender una coreografía marcial para el cine porque llegaría a Hollywood después de haber pasado años enseñando una disciplina real.

A comienzos de la década de 1980 empezó a pasar cada vez más tiempo en Estados Unidos. Abrió una escuela de aikido en California y comenzó a relacionarse con personas de la industria cinematográfica.

Para 1988, Warner Bros. había construido alrededor de él un lanzamiento extraordinariamente poco común: un protagonista sin experiencia previa como actor encabezaría directamente una producción de varios millones de dólares, Above the Law.

La etapa japonesa se convirtió entonces en una pieza esencial de su personaje público.

Seagal hablaba de sus años en Asia, de contactos con agentes de inteligencia y de trabajos clandestinos. Algunas de esas historias adquirieron dimensiones difíciles de separar de la identidad cinematográfica que estaba construyendo.

El propio perfil que Los Angeles Times publicó antes del estreno de Above the Law ya observaba la mezcla entre experiencias comprobables y relatos extraordinarios con los que el futuro actor describía su pasado.

Mientras esa carrera comenzaba a crecer en Estados Unidos, Miyako permaneció en Japón con Kentaro y Ayako.

La separación significó también reconstruir el dojo. Ella recordaría que algunos alumnos desaparecieron después de la marcha de Seagal y que hubo clases a las que asistía una sola persona. Continuó enseñando, criando a sus hijos y desarrollando su propia trayectoria marcial.

Con los años alcanzó el séptimo dan de Aikikai y siguió al frente del Tenshin Dojo en Osaka. En una entrevista realizada allí en 2019, después de más de cuatro décadas de enseñanza, resumió su relación con la disciplina de una manera mucho más sencilla que cualquier leyenda de Hollywood: estaba agradecida de haber tenido aikido en su vida.

La fotografía familiar de 1979 pertenece precisamente a ese momento anterior a la fama.

Todavía no existía el Steven Seagal de las películas, las historias de espionaje ni el héroe invencible de los años noventa. Había un matrimonio joven, un niño pequeño y un dojo en Osaka.

De aquella misma casa salieron dos trayectorias distintas: una terminó en las pantallas de todo el mundo; la otra permaneció durante décadas sobre el tatami donde todo había comenzado.

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