Espectáculos

La gran voz de Cuba


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Viernes 15 de mayo de 2026

Omara Portuondo Peláez nació el 29 de octubre de 1930 en La Habana, Cuba, y su historia musical parece escrita al ritmo mismo de la isla: bolero, son, jazz, filin, guaracha, danzón y canción popular.

Creció en el barrio habanero de Cayo Hueso, un entorno profundamente musical, dentro de una familia marcada también por las tensiones raciales de su época: su madre, de ascendencia española, se unió a su padre, un beisbolista negro, en una sociedad donde esa relación no siempre era aceptada públicamente.

Esa mezcla de raíces, sensibilidad y resistencia terminaría formando parte del carácter artístico de Omara.

Desde muy joven se acercó al escenario. A los 15 años comenzó en el mundo del cabaret siguiendo los pasos de su hermana Haydée, quien bailaba en el célebre Tropicana.

Aunque empezó como bailarina, pronto quedó claro que su verdadera fuerza estaba en la voz.

En sus primeros años cantó jazz estadounidense con el pianista Frank Emilio Flynn y se integró a un ambiente musical donde la elegancia interpretativa pesaba tanto como la técnica.

Su gran consolidación llegó en los años cincuenta con el Cuarteto d’Aida, agrupación vocal fundada junto a Haydée Portuondo, Elena Burke y Moraima Secada, bajo la dirección de Aída Diestro.

Ese grupo fue fundamental para la música cubana moderna: combinaba armonías vocales refinadas, bolero, feeling y una presencia escénica sofisticada.

Con ellas, Omara empezó a construir una reputación que la llevaría a ser conocida como “la novia del filin”, por su manera íntima, emocional y contenida de interpretar.

A diferencia de otros artistas cuya fama internacional llegó después de un largo silencio, Omara nunca dejó de cantar.

En los años sesenta inició con más fuerza su carrera solista; en 1967 grabó discos para el sello Areito y representó a Cuba en el Festival de Sopot, en Polonia.

Durante las décadas siguientes trabajó con figuras y agrupaciones esenciales de la música cubana, entre ellas la Orquesta Aragón, Chucho Valdés, Juan Formell, Adalberto Álvarez y otros músicos que ampliaron su repertorio hacia el son, la charanga, el jazz latino y la canción tradicional.

El mundo volvió a descubrirla masivamente con Buena Vista Social Club.

Aunque Omara ya era una institución en Cuba, el proyecto de los años noventa la colocó ante nuevas generaciones y públicos internacionales.

Su participación en el disco y en el documental de Wim Wenders la convirtió en una de las figuras más reconocibles de aquel renacimiento global de la música cubana.

Para muchos espectadores fuera de Cuba, su dueto con Ibrahim Ferrer en “Silencio” fue uno de los momentos más emotivos del filme.

Su contribución a la música no se limita a haber cantado bien. Omara ayudó a preservar una forma de interpretar el bolero y el filin donde la emoción no necesita exageración.

Su voz no solo transmitía nostalgia; también tenía elegancia, pausa y una verdad escénica difícil de imitar.

En ella convivían la cantante de cabaret, la bolerista, la jazzista, la sonera y la embajadora cultural de Cuba.

A lo largo de su carrera recibió importantes reconocimientos. La Academia Latina de la Grabación registra dos Latin Grammy ganados y nueve nominaciones; en 2023 ganó el Latin Grammy a Mejor Álbum Tropical Tradicional por Vida.

Además, en 2019 recibió el Latin Grammy a la Excelencia Musical, reconocimiento reservado para trayectorias de enorme influencia.

En 2024, después de más de 75 años de carrera, su hijo y mánager anunció su retiro definitivo de los escenarios tras un quebranto de salud durante una presentación en Barcelona.

El retiro cerró una etapa histórica, pero no apagó su legado: Omara quedó como una de las grandes voces de Cuba, al lado de nombres esenciales como Celia Cruz, Benny Moré, Compay Segundo o Ibrahim Ferrer.

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