El boxeador mexicano que detuvo un ejército


Viernes 24 de abril de 2026
La historia de José Mendoza López no es un cuento de hadas; es un manual de supervivencia pura.
Nacido el 10 de julio de 1910 en Veracruz, México, la vida le soltó el primer derechazo antes de nacer: su padre pereció en el mar.
Para cuando cumplió nueve años, la tuberculosis le arrebató a su madre, dejándolo solo contra el mundo.
Sin familia que le hiciera el paro, el chamaco no se achicó y puso la mira en el norte.
Cruzó la frontera y llegó a Mission, Texas, donde durmió en un cobertizo de herramientas gracias a la buena voluntad de unos desconocidos.
Nada fue regalado para José. Se partió el lomo en empleos de subsistencia solo para mantener la cabeza fuera del agua.
A los 17 años, mientras buscaba aventuras en Atlanta, un matón gigantesco cometió el error de su vida: intentó intimidarlo.
A pesar de medir apenas 1.65 m y pesar escasos 58 kilos, López no era un tipo que se dejara joder. Se le puso al tú por tú al cromagnon y, tras un par de asaltos, le acomodó una paliza épica.
La suerte quiso que un promotor viera la escena. Así nació “Kid Mendoza”, un boxeador con un récord de 52-3. Sí, solo tres derrotas en toda su vida; el tipo era una roca.
Tras cansarse de repartir ganchos por dinero, se unió a los U.S. Merchant Marines en 1936. Sobrevivió a naufragios y a semanas varado en el mar, comiendo únicamente plátanos.
Pero cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, José decidió que prefería el suelo firme y se enlistó en el ejército para ir a patear traseros alemanes.
El 7 de junio de 1944, desembarcó en Normandía. Una bala alemana rebotó en su cinturón de munición apenas pisó la arena, pero a él le importó un carajo.
Su leyenda, sin embargo, se escribiría con sudor y sangre en el frío bosque de las Ardenas.
El 17 de diciembre de 1944, cerca de Krinkelt, Bélgica, José estaba a cargo de una ametralladora Browning M19 calibre .30. Cuando vio que su unidad iba a ser flanqueada, cargó su arma de 13 kilos y corrió hacia el peligro.
El escenario: José en un agujero poco profundo, expuesto de la cintura para arriba.
La amenaza: Un maldito tanque Tiger I y oleadas de infantería alemana.
La reacción: Mientras el resto de su compañía retrocedía, José se quedó ahí, cortando enemigos como un loco sediento de venganza.
Incluso cuando la artillería alemana le pegó de lleno y un proyectil de tanque le causó una conmoción cerebral, el autoproclamado «Rompe Madres» se puso de pie, restableció su arma y siguió disparando.
Solo cuando se quedó sin balas y sus compañeros estaban a salvo, regresó a la ciudad. ¿El saldo? Más de 100 soldados enemigos despachados por él solito.
Por sus «misiones aparentemente suicidas», fue ascendido a sargento y recibió la Medalla de Honor del Congreso. José no se ablandó con los años: sirvió en Corea y, hasta los 88 años, seguía trotando y entrenando para no perder el temple.
Un verdadero hombre que vino de la nada y se convirtió en leyenda en un país que ni era el suyo.
Tras 64 años de matrimonio y cinco hijos, el cáncer finalmente se lo llevó el 18 de mayo de 2005, a los 94 años.
José Mendoza López fue, en toda la extensión de la palabra, un guerrero que solo perdió tres peleas en su vida y todas fueron sobre un ring.
A veces, la realidad supera a cualquier película de superhéroes.

