Los violines de Villa Fontana


Domingo 8 de noviembre de 2026
En 1953, el joven empresario Ramón de Flórez abrió el Villafontana en Reforma y Niza, un restaurante de lujo con proyecto del arquitecto Mario Pani.
Para el piano contrató a Roberto Pérez Vázquez, un tlaxcalteca virtuoso que en la XEW había suplido a figuras como Juan García Esquivel y Consuelito Velázquez.
Pero al principio la gente no llegaba. El dueño le pidió a Roberto que inventara algo que distinguiera al lugar, y él respondió con una idea audaz: diez violines, contrabajo y dos pianos, todos vestidos de frac, tocando entre las mesas, junto a los comensales.
Así nacieron los Violines Mágicos de Villafontana. Se volvieron atracción turística de la ciudad, grabaron más de diez discos con RCA Víctor y salieron de gira por América y Europa.
Salvador Novo escribió en una servilleta que esos violines culminaban «la fiesta de los sentidos».
Lo que empezó como remedio para un salón vacío, terminó siendo leyenda de la noche mexicana.
