Que pese el 10


Martes 27 de octubre de 2026
Desde la salida de Christian Giménez en 2018, Cruz Azul ha transitado ocho años sin encontrar en el dorsal 10 a un futbolista que encarne plenamente lo que representa semejante número.
Y sí, los dorsales no ganan partidos; cuando la pelota termina en las redes, poco importa si el gol lo firma el 3, el 9 o el 87.
Sin embargo, para quienes todavía concebimos el fútbol con una dosis de romanticismo, cada número tiene una historia, una identidad y una responsabilidad que trasciende la simple numeración.
Históricamente, el 10 ha sido reservado para los diferentes, para aquellos capaces de encontrar un resquicio donde los demás sólo ven un muro, de acariciar la pelota hasta hacerla hablar y de convertir una jugada ordinaria en una obra de arte.
Pelé, Maradona, Zidane, Baggio, Ronaldinho y Totti, entre tantos otros, elevaron ese dorsal a la categoría de símbolo. No bastaba con portarlo: había que estar a la altura de su leyenda.
En La Noria, sin embargo, el 10 ha permanecido huérfano de ese protagonismo. Y aunque las últimas dos conquistas ligueras demostraron que no se necesita un mago con ese número para levantar trofeos, también dejaron claro que la grandeza colectiva no está reñida con la aparición de un futbolista capaz de marcar diferencias por cuenta propia.
Porque ganar es la prioridad, pero hacerlo con un jugador que encienda la tribuna, rompa los esquemas y asuma la responsabilidad cuando el panorama se oscurece tiene un encanto particular.
Lo curioso es que, en esta semana, el dorsal que parecía condenado a pasar inadvertido ha encontrado una inesperada reivindicación.
Andrés Montaño, su actual portador, ha levantado la mano con una contundencia que pocos anticipaban, justo cuando la ausencia de José Paradela, un futbolista que reúne condiciones para representar esa estirpe creativa, ha abierto un espacio para que otros reclamen protagonismo.
Montaño suma cuatro partidos consecutivos anotando, una racha que ha devuelto los reflectores a un número que durante años pareció pesar más por su historia que por lo que ofrecía sobre el terreno de juego.
Sus actuaciones han reavivado una ilusión que parecía dormida y, de paso, han puesto sobre la mesa una cuestión incómoda: cuando Paradela esté completamente recuperado, ¿Joel Huiqui apostará por el momento futbolístico de Montaño o devolverá la titularidad al argentino por jerarquía y cartel?
Porque en el fútbol, los nombres pueden imponer respeto, pero son las actuaciones las que deberían dictar sentencia. Ningún dorsal garantiza talento y ningún currículum debería conceder privilegios eternos.
Si Montaño sostiene este nivel, sentarlo únicamente para restituir un orden previo sería una decisión que merecería, cuando menos, una explicación.
¿Estamos ante el despertar de un nuevo referente con el 10 celeste o frente a una racha pasajera que terminará diluyéndose cuando cambien las circunstancias?
Todavía es pronto para dictar sentencia, pero sería un error ignorar lo que está sucediendo.
En Cruz Azul queremos títulos, desde luego, pero también futbolistas que nos devuelvan esa emoción que convirtió al 10 en algo más que un número estampado en la espalda.
Si Montaño ha encontrado finalmente la versión de sí mismo que la Máquina necesita, que lo demuestre partido a partido. Que asuma la responsabilidad, que haga hablar a la pelota y que convierta las dudas en argumentos.
Porque el 10 no está para adornar una camiseta. Está para pesar en la cancha. Y en Cruz Azul, ya va siendo hora de que vuelva a hacerlo.
