El escándalo Lewinsky


Jueves 22 de octubre de 2026
Esta fotografía parece mostrar un encuentro completamente normal entre el presidente Bill Clinton que posa con una becaria de la Casa Blanca en 1998.
Sin embargo, terminaría formando parte de uno de los mayores escándalos políticos del siglo XX. El hombre es Bill Clinton y la mujer es Monica Lewinsky, una becaria de 22 años que mantenía una relación con el mandatario.
La imagen aparece corresponde al 17 de noviembre de 1995, cuando Clinton tenía 49 años. Ese día, Estados Unidos atravesaba un cierre parcial del gobierno federal.
Según el testimonio posterior de Lewinsky, apenas dos días antes había comenzado su relación con el presidente. La fotografía fue tomada en las oficinas del jefe de gabinete de la Casa Blanca.
Lewinsky había comenzado sus prácticas en julio de 1995, trabajando para el equipo de Leon Panetta. Meses después consiguió un puesto remunerado. En abril de 1996 fue trasladada al Pentágono.
La relación con Clinton permaneció fuera del conocimiento público hasta enero de 1998, cuando las revelaciones desataron una crisis política nacional.
El 26 de enero de 1998, Clinton negó públicamente haber mantenido relaciones con Lewinsky. Sin embargo, el 17 de agosto reconoció ante millones de estadounidenses que había tenido una relación inapropiada con ella.
Para entonces, las investigaciones también examinaban si el presidente había mentido bajo juramento y obstaculizado la justicia.
El escándalo culminó el 19 de diciembre de 1998, cuando la Cámara de Representantes aprobó dos artículos de acusación contra Clinton: perjurio y obstrucción de la justicia.
Se convirtió en el segundo presidente estadounidense sometido a un juicio político de esta naturaleza. El Senado lo absolvió el 12 de febrero de 1999 y permaneció en el poder hasta enero de 2001.
Años después, Lewinsky habló sobre el enorme desequilibrio de poder que existía entre ambos. También denunció la humillación pública que sufrió cuando su vida privada se convirtió en un espectáculo internacional.
Lo más inquietante de esta fotografía es que captura un momento aparentemente cotidiano, cuando ninguno de los dos podía prever hasta qué punto aquella relación cambiaría sus vidas y sacudiría a la presidencia estadounidense.
