Historia

Sócrates Amado Campos Lemus, el dirigente del 68 que quedó marcado por la controversia

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Lunes 12 de octubre de 2026

Cuando se habla del Movimiento Estudiantil de 1968, hay nombres que inevitablemente aparecen junto a la historia de Tlatelolco.

Uno de los más polémicos es el de Sócrates Amado Campos Lemus, dirigente estudiantil del Instituto Politécnico Nacional y representante de la Escuela Superior de Economía ante el Consejo Nacional de Huelga (CNH).

Su historia resulta particularmente compleja porque pasó, en cuestión de días, de ser uno de los dirigentes más visibles del movimiento a convertirse en uno de sus personajes más cuestionados.

Campos Lemus tenía alrededor de 24 años durante el movimiento. De acuerdo con investigaciones sobre su expediente, había nacido en Hidalgo y estudiaba en la Escuela Superior de Economía del IPN.

Antes y durante 1968 tuvo una trayectoria política vinculada con organizaciones de izquierda y participó en actividades de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos. Posteriormente se incorporó al CNH como representante de su escuela.

Durante el movimiento fue considerado uno de los dirigentes más radicales. El 27 de agosto, después de una multitudinaria manifestación en el Zócalo, tuvo una intervención particularmente polémica al proponer que una guardia permaneciera en la plaza hasta el 1 de septiembre, día del informe presidencial de Gustavo Díaz Ordaz. Esa propuesta terminó con el desalojo de los manifestantes durante la madrugada.

Pero sería después del 2 de octubre cuando su nombre quedaría definitivamente ligado a una de las mayores controversias del movimiento.

La noche de Tlatelolco

El 2 de octubre de 1968, Campos Lemus se encontraba en la Plaza de las Tres Culturas. Fue detenido esa misma noche y trasladado al Campo Militar Número 1.

De acuerdo con investigaciones posteriores y con la documentación conservada sobre aquellos acontecimientos, después de su detención rindió declaraciones ante autoridades y periodistas.

El 6 de octubre, la prensa publicó ampliamente sus declaraciones. Campos Lemus proporcionó nombres de integrantes del Consejo Nacional de Huelga y habló de una supuesta participación de políticos e intelectuales en el movimiento.

Entre las personas que señaló estuvieron Carlos A. Madrazo, Braulio Maldonado, Humberto Romero, Elena Garro, Víctor L. Urquidi, Eli de Gortari y Heberto Castillo.

También sostuvo que dentro del movimiento existían grupos armados y habló de una corriente que, según su declaración, pretendía transformar la estructura política del país.

Estas declaraciones tuvieron enorme impacto.

La prensa de aquellos días las presentó como evidencia de que detrás del movimiento estudiantil existía una conspiración política para derrocar al gobierno.

Sin embargo, es fundamental hacer una distinción histórica:

que Campos Lemus haya hecho esas declaraciones está documentado; que todas las acusaciones contenidas en ellas fueran verdaderas, es otra cuestión.

El Archivo Histórico de la UNAM conserva la hemerografía de aquellos días y permite comprobar cómo sus declaraciones fueron utilizadas para construir públicamente la versión de que el movimiento constituía una conspiración política.

El propio material de la UNAM registra que la prensa presentó a Campos Lemus como uno de los principales dirigentes del movimiento y difundió sus señalamientos contra políticos e intelectuales.

¿Fue un delator?

Ésta es una de las preguntas más difíciles alrededor de su figura.

Durante décadas, Campos Lemus fue señalado como “traidor” y “delator” del movimiento estudiantil. Sus críticos sostuvieron que después de su detención proporcionó información que permitió a las autoridades identificar y perseguir a otros dirigentes.

Él negó esa acusación.

Con el paso de los años también surgió otra hipótesis todavía más grave: que Campos Lemus hubiera sido un infiltrado o colaborador de los servicios de inteligencia del Estado.

La existencia de vigilancia de la Dirección Federal de Seguridad sobre los integrantes del movimiento sí está ampliamente documentada. También existen expedientes de la DFS relacionados con Campos Lemus y reportes elaborados sobre sus actividades durante el conflicto.

Pero aquí nuevamente hay que separar lo documentado de lo que todavía pertenece al terreno de la interpretación histórica.

No es correcto afirmar sin matices que está demostrado que Campos Lemus fue un agente de Gobernación. Existen investigaciones y documentos que han alimentado seriamente esa hipótesis, pero también existen testimonios y análisis contrapuestos.

Por eso, más que repetir la etiqueta de “traidor” como si fuera un hecho jurídico o una verdad absoluta, resulta históricamente más responsable explicar por qué fue considerado como tal y qué documentos sustentan las distintas interpretaciones.

Una pieza incómoda de la historia

La importancia histórica de Campos Lemus no radica solamente en lo que hizo o dejó de hacer.

También radica en cómo sus declaraciones fueron utilizadas por el gobierno y por la prensa para reforzar la narrativa oficial sobre el movimiento.

El estudio del INAH sobre la cobertura del 68 señala que, después del 2 de octubre, las declaraciones de Campos Lemus ocuparon un lugar central en la construcción de la llamada teoría de la conjura: la idea de que el movimiento estudiantil no era fundamentalmente una movilización por libertades democráticas y demandas políticas, sino parte de una conspiración para desestabilizar y derrocar al gobierno.

Por eso su figura es indispensable para entender no solamente lo que ocurrió en Tlatelolco, sino también cómo se intentó explicar Tlatelolco desde el poder.

¿Y qué pasó después?

La historia de Campos Lemus no terminó en 1968

Con los años se dedicó al periodismo y a la escritura y colaboró en diferentes publicaciones. La Biblioteca Nacional de México, a través del proyecto “Obra periodística de los líderes estudiantiles de 1968”, conserva registros de numerosos artículos escritos por él durante las décadas posteriores.

Y aquí encontramos otro dato interesante: su propia interpretación del 68 cambió y evolucionó.

En sus escritos posteriores continuó hablando del movimiento, de Tlatelolco, del Partido Comunista Mexicano y de la sucesión presidencial.

En un artículo publicado en 1992 llegó incluso a titular “2 de octubre. Los comunistas nos vendieron”, texto en el que sostuvo una interpretación muy distinta de la que predominó entre otros antiguos dirigentes estudiantiles.

Es decir, Campos Lemus no desapareció de la discusión pública: continuó participando activamente en la construcción de su propia versión de aquellos acontecimientos.

Murió en Monterrey, Nuevo León, el 22 de septiembre de 2021, a los 77 años.

Una figura que no cabe en blanco y negro

Sócrates Amado Campos Lemus no puede comprenderse únicamente como “líder estudiantil”, pero tampoco resulta históricamente riguroso reducir toda su trayectoria a la palabra “traidor”.

Fue dirigente del CNH, participó activamente en el movimiento, estuvo presente en Tlatelolco, fue detenido, rindió declaraciones ante las autoridades y proporcionó nombres e información que fueron difundidos públicamente en los días posteriores a la matanza.

También existen documentos que han alimentado las sospechas sobre su posible relación con organismos de inteligencia del Estado.

Pero la investigación histórica exige algo más que repetir una etiqueta.

Hay que mirar los documentos, contrastar testimonios y distinguir entre lo que sabemos, lo que se afirmó en 1968 y lo que posteriormente se ha podido demostrar o cuestionar.

Y quizá ésa sea precisamente la razón por la que Campos Lemus sigue siendo una figura imprescindible para estudiar el 68:

porque alrededor de su nombre se encuentran algunas de las preguntas más incómodas sobre la infiltración, la represión, la propaganda oficial, las declaraciones obtenidas después de las detenciones y la manera en que el Estado intentó explicar el movimiento estudiantil.

La historia de 1968 no necesita personajes perfectos. Necesita documentos. Necesita contexto. Y, sobre todo, necesita preguntas.

Porque recordar el 68 también significa investigar aquello que durante décadas se quiso convertir en una sola versión de la historia.

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