Como nació el Paricutín


Sábado 10 de octubre de 2026
El 20 de febrero de 1943, Dionisio Pulido estaba trabajando en su terreno en Michoacán cuando vio abrirse una grieta en el suelo.
Antes de que terminara el día, de aquel lugar estaban saliendo ceniza, piedras incandescentes y gases. Había comenzado a nacer un volcán.
Pulido era agricultor y vivía cerca del pequeño poblado de Parícutin. Durante las semanas anteriores, los habitantes de la región habían sentido numerosos temblores, pero nadie sabía con certeza qué estaba ocurriendo bajo sus pies.
Aquella tarde la respuesta apareció en su maizal.
La grieta comenzó a expulsar vapor y gases con un fuerte silbido. Después surgieron polvo y fragmentos calientes de roca. El pequeño conducto fue ensanchándose mientras las explosiones arrojaban material alrededor de la abertura.
Pulido abandonó el terreno y regresó al poblado para avisar de lo que había visto. Cuando volvió, aquello ya no parecía simplemente una grieta. El material expulsado empezaba a formar un cono.
Su crecimiento fue extraordinariamente rápido. Durante las primeras 24 horas alcanzó alrededor de 50 metros de altura. En menos de una semana ya superaba los 150.
El volcán recibió el nombre del poblado cercano: Parícutin.
La noticia atrajo rápidamente a geólogos mexicanos y extranjeros. Entre ellos estuvo William F. Foshag, del Museo Nacional de Estados Unidos, quien llegó pocas semanas después y comenzó a fotografiar y estudiar el nuevo cono junto con especialistas mexicanos.
Para la vulcanología era una oportunidad excepcional.
Los científicos normalmente encontraban volcanes que llevaban miles o millones de años sobre el paisaje. En Michoacán podían observar uno prácticamente desde su nacimiento. Y siguieron observándolo durante años.
La erupción continuó hasta 1952.
Las coladas de lava y las enormes cantidades de ceniza transformaron los campos circundantes. El poblado de Parícutin tuvo que ser abandonado. Más tarde, la lava avanzó hacia San Juan Parangaricutiro y sus habitantes también fueron evacuados.
Una parte de aquel pueblo quedó atrapada bajo la roca. Todavía hoy sobresale del campo de lava la torre de su antigua iglesia.
Mientras las comunidades perdían tierras y viviendas, generaciones de geólogos registraban la evolución del volcán: el crecimiento del cono, las explosiones, los flujos de lava y finalmente el descenso de su actividad.
Cuando Parícutin dejó de hacer erupción en 1952, había ocurrido algo que los vulcanólogos rara vez habían podido contemplar.
Habían seguido casi toda la vida de un volcán, desde una abertura en un maizal hasta un cono de cientos de metros.
Todo comenzó aquella tarde de febrero, cuando Dionisio Pulido vio que el suelo de su terreno empezaba a abrirse.
