Historia

Verdugo inexperto

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Viernes 9 de octubre de 2026

El hombre encargado de colocar la soga al cuello de algunos de los dirigentes nazis condenados en Núremberg había conseguido su puesto contando una experiencia que nunca tuvo. Se llamaba John C. Woods.

En 1944 era soldado raso del Ejército estadounidense cuando las fuerzas norteamericanas en Europa buscaron voluntarios para realizar ejecuciones militares.

Woods aseguró que antes de la guerra había trabajado como ayudante de verdugo en dos ahorcamientos en Texas y otros dos en Oklahoma.

La afirmación le abrió una nueva carrera. Pero los registros no respaldan su historia.

Texas había realizado su último ahorcamiento en 1923, cuando Woods tenía doce años. Oklahoma había abandonado ese método incluso antes de que él naciera, salvo por una ejecución federal posterior que tampoco tuvo relación con Woods.

No existe evidencia de que hubiera participado en ninguna ejecución antes de entrar al Ejército. Aun así, fue seleccionado.

Pasó de soldado raso a master sergeant y, entre 1944 y 1946, ejecutó a decenas de militares estadounidenses y criminales de guerra condenados.

Su encargo más famoso llegó la madrugada del 16 de octubre de 1946.

Diez hombres sentenciados a muerte por el Tribunal Militar Internacional de Núremberg fueron llevados uno por uno al gimnasio de la prisión. Hermann Göring debía estar entre ellos, pero se había suicidado con cianuro pocas horas antes.

Woods y su ayudante Joseph Malta operaron las horcas. Joachim von Ribbentrop fue el primero.

Después siguieron Wilhelm Keitel, Ernst Kaltenbrunner, Alfred Rosenberg, Hans Frank, Wilhelm Frick, Julius Streicher, Fritz Sauckel, Alfred Jodl y Arthur Seyss-Inquart.

Las ejecuciones generaron polémica casi inmediatamente.

El método empleado dependía de calcular la longitud de la caída para producir una fractura cervical rápida. Informes contemporáneos y evaluaciones posteriores señalaron que varias cuerdas eran demasiado cortas y que algunos condenados murieron lentamente por estrangulación.

Algunas estimaciones situaron determinados tiempos de muerte entre 14 y más de 20 minutos.

También surgió otro problema.

Las aberturas de las trampillas eran estrechas. Las fotografías oficiales de los cadáveres muestran heridas en el rostro de algunos ejecutados, compatibles con golpes contra la estructura al caer.

El Ejército estadounidense negó posteriormente que las ejecuciones hubieran sido técnicamente defectuosas.

Woods, por su parte, estaba satisfecho.

Después dijo a periodistas que nunca había visto una ejecución funcionar mejor y presumió de haber terminado con los diez hombres en poco más de cien minutos. También convirtió su oficio en parte de su celebridad personal y llegó a posar para fotógrafos mostrando cómo colocaba una soga.

Su cifra pública de más de 300 ejecuciones también creció muy por encima de lo que permiten demostrar los registros conservados.

Cuatro años después de Núremberg, el 21 de julio de 1950, John C. Woods murió accidentalmente electrocutado mientras servía con el Ejército estadounidense en el atolón de Enewetak, en el Pacífico.

Tenía 39 años.

Para entonces, el hombre que había comenzado su carrera de verdugo inventándose cuatro ahorcamientos ya había realizado suficientes para que su nombre quedara unido para siempre a las horcas de Núremberg.

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