La carta que conmovió al mundo


Lunes 28 de septiembre de 2026
Por Gaby Saavedra
Tenía 22 años. Era un brillante ingeniero químico. Estaba comprometido con la mujer que amaba y soñaba con formar una familia.
Pero unas horas antes de su boda, recibió una sentencia de muerte.
El joven que eligió a Cristo
El beato Francisco Castelló Aleu nació en 1914 y quedó huérfano siendo niño. Creció con una fe profunda, estudió ingeniería química y dedicó parte de su tiempo a la Acción Católica y al apostolado entre los jóvenes y los obreros.
Quienes lo conocían lo describían como alegre, humilde y profundamente enamorado de Dios.
El 30 de mayo de 1936 se comprometió con Mariona (María) Pelegrí. Se regalaron un escapulario de oro y comenzaron a preparar su matrimonio. Todo parecía anunciar una vida llena de esperanza.
“¿Eres católico?”
Meses después estalló la Guerra Civil Española. Francisco fue encarcelado y llevado ante un tribunal popular. La pregunta fue directa:
—¿Eres católico?
Él no negó su fe. Sabía que responder “sí” significaba morir. Aun así, permaneció firme y fue condenado a ser fusilado la noche del 29 de septiembre de 1936, por odio a la fe.
La carta escrita antes del martirio
De regreso a su celda tomó papel y pluma. No escribió palabras de odio ni de desesperación. Escribió a la mujer que nunca podría convertir en su esposa.
“Me ocurre una cosa extraña: no puedo sentir ninguna lástima por mi suerte. Una alegría interna, intensa y fuerte me invade totalmente, como un presentimiento de la Gloria.”
Y luego le pidió algo que rompe el corazón:
“Cásate si puedes. Yo desde el cielo bendeciré tu unión y a tus hijos.”
No pensó en sí mismo. Pensó en la felicidad de Mariona.
Murió perdonando
Aquella noche fue conducido al cementerio junto a otros condenados. Testigos relatan que iba rezando el Credo y perdonó a quienes lo llevaban a la muerte.
Sus últimas palabras fueron un grito de amor a Cristo:¡Viva Cristo Rey!
En el año 2001, el Papa Juan Pablo II lo proclamó beato, presentándolo como ejemplo de fortaleza, serenidad y alegría cristiana.
Vivimos en una época donde muchos renuncian a la fe por miedo al rechazo. Francisco renunció a su propia vida antes que renunciar a Cristo.
Su carta nos recuerda que el amor verdadero no termina en la muerte: cuando está unido a Dios, se transforma en esperanza eterna.
Beato Francisco Castelló Aleu, ruega por nosotros y fortalece a los jóvenes para que jamás tengan vergüenza de su fe.
