El corazón del taller de Picasso

Sábado 25 de julio de 2026

Durante el crudo invierno parisino de 1939, el carbón estaba estrictamente racionado por la ocupación en la Segunda Guerra Mundial.
Sobrevivir al frío en un taller de techos altos era un desafío diario.
En ese escenario, una imponente estufa de hierro fundido se convirtió en el auténtico corazón del taller de Pablo Picasso.
Ubicado en la rue des Grands-Augustins, en París, el lugar era prácticamente un congelador.
Sin el calor constante que emanaba de su enorme estructura cilíndrica, el pintor simplemente no habría podido mantener la fluidez en sus manos para trabajar.
Se trataba del modelo Le Mosan, una clásica estufa de carbón y leña con un peculiar diseño industrial por niveles.
Su torre integraba múltiples cavidades y anillos superpuestos.
Estaba concebida para maximizar la superficie de radiación, reteniendo el calor por más tiempo y distribuyéndolo de forma eficiente en espacios fríos.
Ahí mismo, el célebre fotógrafo Brassaï capturó la escena.
Era el mismo espacio donde apenas dos años antes Picasso había pintado el monumental Guernica.
La fotografía inmortaliza la presencia del artista con un cigarrillo en la mano.
A su lado, la gigante y serpenteante sombra de la estufa se proyecta sobre la pared de piedra.
Es la imagen viva de un refugio creativo donde el arte se negó a detenerse, incluso en los años más oscuros.

