Religión

El encuentro de San Juan María Vianney con un protestante


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Miércoles 1 de julio de 2026

Un día, el santo Cura de Ars recibió la visita de un caballero protestante.

El buen sacerdote, creyendo que era católico, comenzó a hablarle de Nuestro Señor y de los santos, como solía hacer con todos los que lo visitaban.

Cuando el hombre se levantó para marcharse, el santo le obsequió una medalla como pequeño recuerdo de su visita.

El caballero le dijo: «Querido señor, usted le ha dado una medalla a un hereje; al menos, yo soy un hereje desde su punto de vista. Pero aunque no profesemos la misma religión, espero que ambos estemos algún día en el Cielo».

San Juan Vianney tomó la mano del hombre y, mirándolo fijamente, respondió: «¡Ay, amigo mío! No podemos estar juntos en el Cielo a menos que hayamos comenzado a vivir así en este mundo. La muerte no cambia eso. Como cae el árbol, así quedará».

«Pero, mi buen Padre», replicó el otro, «yo confío en Jesucristo, quien dijo: “El que cree en mí tendrá vida eterna”».

El sacerdote respondió: «Jesucristo dijo muchas más cosas. También dijo: “El que no escucha a la Iglesia (a vosotros refiriéndose a los apóstoles), sea para vosotros como un pagano y un publicano”. Y también dijo: “Habrá un solo rebaño y un solo pastor”, y nombró a San Pedro como pastor principal de su rebaño».

Luego añadió: «Querido amigo, no hay dos maneras de servir a Jesucristo. Solo hay una buena manera, y es servirle como Él mismo desea ser servido».

Dicho esto, el sacerdote se marchó. Pero estas palabras calaron hondo en el corazón del protestante y lo llevaron a renunciar a los errores en los que había sido educado, y se convirtió en un ferviente católico.

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