Espectáculos

¡Pedro, no tienes vergüenza!


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Viernes 19 de junio de 2026

Anécdota contada por el genio y maestro Manuel Esperón

En septiembre de 1943, Roberto Rodríguez dirigió al Ídolo de México en una comedia ranchera de enredo poco importante, Viva mi desgracia, donde compartia el estelar con María Antonieta Pons y que tenía el atractivo de incluir números mnusicales muy ambiciosos.

El argumento se centraba en el recurso que Infante cambiaba de personalidad, de tímido a bravucón, al ingerir una bebida, «la Animosa», que equivalía a las espinacas de Popeye, como enfatizaba la música de fondo.

Ya iniciado el rodaje, llegó el momento de grabar las distintas versiones del vals que daba título a la cinta.

Manuel Esperón había hecho unos arreglos espectaculares:

Y contaba la siguiente anécdota:

De la primera vez que puse a Infante con gran orquesta, coros, mariachis, no le puse ametralladoras porque no las encontré.

Hice el arreglo del vals, planteado como el gran número central.

Le sugerí a Rodríguez: ‘Vamos a hacer algo fuerte, una orquesta de cuarenta y cinco músicos, un mariachi, una marimba, coros de veinte voces y dos tríos de cancioneros, las Conchitas y los hermanos Samperio.»

El ensayo con la orquesta era a las nueve, en la sala de los estudios Azteca, pero cité a Pedro a las 11 para que no se espantara.

Llegó, con su chamarita al hombro.Se paró, vio aquello y dijo: «Qué voy a hacer aquf?’ Tiró la chamarra al suelo y empezó, tras la introducción de la orquesta… pero todo se concretó a un gemido, la voz no le salía.

Tenía atrás al mariachote aquel y pasó hora y media tratando de cantar y no pudo.

-Manito, aquí no tengo nada que hacer, adiós-.
Tomó su chamarra y salió. Lo alcancé en el jardín.
-Oye, Pedro,iqué es esto?, tienes una película,
-No puedo con esto,
-Espérate, no te vayas, vamos a arreglar las cosas.

Se sentó en una banquita, yo entré al estudio, despedí a toda la gente: «no se hace nada», metí a Pedro, me senté al piano, bajé medio tono para que se sintiera más a gusto, y cantó muy bien.

Le dije, ¿Ves?, esto es lo debías haber hecho.

-Es que con tanta gente me vuelvo loco, me
atarantan.

-Vamos a hacer esto, le dije, vamos a grabar tu voz con el piano muy bajito, la idea de tener una grabación de su voz, luego hice una grabación del mariachi, otra de la orquesta y otra de los coros.

Entonces sólo habia dos pistas de sonido: voz y acompañamiento.

Hice tantas pistas como fueron necesarias, quince largos días de trabajo; el revelado de cada pista se llevaba tres días, quedó perfecto y Pedro jamás se enfrentó a la orquesta.

Cuando vio la película terminada me dijo: ¡Qué cosa hemos hecho!.

Yo le dije, de plano ¡no tienes vergüenza!.

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