La visita a Jesús que tiene indulgencia plenaria


Antes era el hombre quien esperaba a Dios, ahora resulta que es Dios quien espera al hombre y éste ni se entera.
Por eso, no te pierdas la visita diaria a Jesús. “La visita al Santísimo Sacramento es una prueba de gratitud, un signo de amor y un deber de adoración hacia Cristo Nuestro Señor” (Cat 1418).
Y la Iglesia concede una indulgencia plenaria al fiel que visite a Jesús para adorarlo en la Eucaristía, durante media hora.
¡Cuántas bendiciones traerá a tu vida la visita diaria a Jesús! Si la haces en la mañana, antes de ir al trabajo, será como un acumulador eléctrico, pues durante todo el día te irradiará amor, paz y alegría.
¡Llénate de energías por la mañana delante del Santísimo! Y si vas por la noche, después de un
día de trabajo agotador, entonces te parecerá que se abre una válvula de escape, que te relajará de tus tensiones y así te apaciguará y te dará tranquilidad para dormir mejor.
¿Acaso es demasiado pedir que todos los
días visites a tu Dios? ¿No tienes acaso nada que agradecerle en este día?, ¿nada, nada?
Visitar a Jesús sacramentado cada día es exponer nuestra alma enfermiza y anémica a la irradiación invisible de su amor.
De este modo, nuestra alma comenzará a renovarse con una nueva vitalidad, florecerá como en primavera y brotará con vigor la alegría y la paz dentro del corazón.
Rezar delante del sagrario es uno de los momentos más íntimos, profundos y bellos de la vida de oración católica.
El sagrario es el cofre o pequeño tabernáculo donde se guarda la Eucaristía (las hostias consagradas), por lo que para los católicos representa la presencia real, viva y verdadera de Jesucristo.
Si vas a rezar ante el sagrario, aquí tienes una guía sencilla sobre el significado, los gestos de respeto y algunas formas de orar:
1. Identificar el Sagrario
Para saber dónde está el sagrario en una iglesia, busca la lámpara del sagrario. Es una pequeña vela o lámpara (generalmente con un cristal de color rojo) que permanece siempre encendida cerca de él. Indica que Jesús está «en casa» y presente.
2. El Gesto de Respeto: La Genuflexión
Al llegar frente al sagrario, y antes de retirarte, el gesto tradicional de reverencia es la genuflexión:
- Doblar la rodilla derecha hasta que toque el suelo.
- Hacer la señal de la cruz (opcional, pero muy común).
- Nota: Si tienes problemas de movilidad, una inclinación profunda del tronco o de la cabeza es perfectamente válida y respetuosa.
3. ¿Cómo rezar ante el Sagrario?
No hay una «fórmula única», ya que estás hablando con un amigo que te conoce perfectamente. Sin embargo, aquí tienes cuatro formas muy habituales de estructurar ese tiempo:
- El Saludo Inicial (Adoración): Reconoce su presencia. Puedes decirle internamente: «Señor Jesús, creo firmemente que estás aquí presente en el Santísimo Sacramento. Te adoro y te bendigo».
- La Oración del Corazón (Diálogo): Háblale como a un amigo. Cuéntale tus alegrías, tus preocupaciones, tus miedos y tus proyectos del día. Él está ahí para escucharte.
- El Silencio (Contemplación): No satures el momento con palabras. Quédate unos minutos en silencio, mirándolo, dejándote mirar por Él y en paz. Como decía un famoso campesino al Santo Cura de Ars: «Yo le miro y Él me mira».
- La Petición y Acción de Gracias: Pide por tus necesidades, por tu familia, por los enfermos y por el mundo. Y, sobre todo, dale gracias por quedarse en la Eucaristía para no dejarnos solos.
Oraciones Tradicionales para este momento
Si te cuesta encontrar palabras propias, puedes usar estas oraciones clásicas:
Comunión Espiritual (San Alfonso María de Ligorio)
«Jesús mío, creo que estás verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que no puedo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.»
Oración Breve de Adoración
«Sea por siempre bendito y alabado el Santísimo Sacramento del Altar. Y bendita sea la Santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra.»
Un consejo práctico: No te preocupes por el tiempo. Cinco minutos de corazón y con atención valen mucho más que una hora de distracciones forzadas. Jesús valora enormemente el simple hecho de que hayas ido a visitarle.
