Trató de suicidarse

Jueves 23 de abril de 2026

José José tomó la PISTOLA, se la puso en el paladar y no lo dudó. Era 1980. Estaba preso de una profunda depresión de tiempo atrás al haberlo perdido todo, pero lo que más le afectó en ese año sin duda, fue haber perdido la voz debido a varios problemas de salud y en especial, ¡al desgaste físico de trabajar sin descanso!
José José se sentía explotado. La gente no lo sabe pero sus mánagers lo DROGABAN para que su cuerpo pudiera ser capaz de aguantar las constantes jornadas de trabajo sin descanso, para que otros se hicieran ricos a costa de su salud.
Le inyectaban cortisona para desinflamarle sus cuerdas vocales ya cansadas, lo que a largo plazo las terminó dañando, así como su salud en general.
Dato curioso: José José tiene un medio hermano que es cantante de ópera. Él llegó a cantar dentro del coro en las presentaciones en vivo de su hermano, pero en alguna ocasión declaró que intentó ayudarlo a conservar su voz, y que lo mejor sin duda era que la dejara descansar mínimo un año, así como podía ayudarlo con ejercicios para que su voz le durara toda la vida, pero José José le decía que tenía demasiadas deudas y compromisos de trabajo que le hacían imposible parar todo ese tiempo.
Su alcoholismo le desarrolló un reflujo y una hernia que quemaron sus cuerdas vocales aún más, dañando la calidad de su voz.
Para 1980 experimentó el declive de su capacidad para el canto. Enfrentó una parálisis del diafragma, llegando a afirmar “Si no puedo cantar, no sirvo para nada”.
Su depresión se agravó por la soledad que experimentó y el alcohol nublaba su juicio, llevándolo a convencerse de que tanto familiares como mánagers solo lo veían como una “máquina de hacer dinero”.
Sentía que si dejaba de cantar, perdería el cariño y el respeto de la gente. Su cuerpo ya no podía más.
Sus médicos le dijeron que tanto el abuso del cortisol, como el alcohol, las DROGAS, el exceso de trabajo, la parálisis de su diafragma, entre otras razones, le habían llevado a perder su voz.
José José se desesperó y se miró como un artista acabado. Tenía 32 años de edad. Se encerró a solas. Consiguió una PISTOLA y se la metió a la boca. No quería dar pena. No quería ser recordado como un gran cantante que lo perdió todo “por no saber decir que no” y dejarse manipular por todo el mundo. Entonces, se despidió del mundo y jaló el gatillo.
¡El ARMA falló! José José en ese momento sintió que esto no podía ser una casualidad. Siempre fue un hombre espiritual y al mirar el ARMA en su mano, lo entendió.
En algún momento llegó a decir que esto fue la respuesta de Dios de que aún no era su momento para irse. ¿Qué más prueba de que Dios tenía algo más para él que el hacer que el ARMA fallara justo estando adentro de su boca?
José José siempre contó que, al no dispararse el ARMA, sintió un miedo profundo seguido de una revelación.
Empezó a creer que Dios tenía un plan para él y que su misión era ayudar a otros a través de su testimonio, no solo con su voz. Su recuperación no fue lineal.
Aunque tuvo recaídas, su verdadera recuperación espiritual comenzó cuando aceptó los principios de Alcohólicos Anónimos.
Aprendió a separar su valor como ser humano de su éxito como cantante, algo que le permitió enfrentar la pérdida de su voz con mayor dignidad.
Para 1993 tal como podemos verlo en la fotografía, perdió mucho peso. Fue una de sus peores etapas económicas.
Tras su divorcio de Anel Noreña y sumido en el alcoholismo nuevamente, llegó a vivir en un taxi en Tulyehualco, Ciudad de México, sin recursos.
Sus amigos tuvieron qué rescatarlo y pagar su rehabilitación en la clínica Hazelden ese mismo año.
En el año 2000, ya con su alcoholismo finalmente superado desde 1993, su estabilidad económica se vio gravemente afectada por los altos costos médicos para tratar los problemas de salud de su tercera esposa, Sara Salazar (quien sufrió un derrame cerebral en 2008), y sus propias cirugías.
En 2014 se declaró formalmente en quiebra y tuvo qué vender su mansión en Coral Gables, Florida, para liquidar deudas médicas y personales, mudándose a un departamento más modesto.
En sus últimos años de vida, tras ser diagnosticado con CÁNCER de páncreas, sus ahorros se agotaron por los tratamientos.
Al momento de su muerte en 2019, no dejó bienes materiales significativos más allá de regalías y el pago por su serie biográfica.
Su vida no fue fácil. Era el “Príncipe de la canción” pero en su propia vida se sentía peor que un mendigo; alguien quien no hallaba la salida.
Aún así, gracias a sus amigos Ricardo Rocha, Marco Antonio Solís, Tina Galindo y Darío de León, que lo convencieron de buscar ayuda y pagaron para él su tratamiento en 1993, año que finalmente no volvió a beber alcohol y su vida mejoró muchísimo al punto en que por más que las circunstancias se volvieron duras, su público se convirtió en su motor para seguir luchando a pesar de que su voz se apagaría para siempre.
¿Conocías esta faceta de José José?

