Religión

DE ANATEMAS Y MUERTES

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Martes 3 de febrero de 2026

Por Tomás I. González Pondal

Actualmente, anatematizar significa tanto como excomulgar a alguien, separarlo como castigo. Si se quiere, puede dársele a la dicción “anatema” otra profundidad de gravedad, pero en este breve escrito me limito a la equiparación corriente de uso actual.

Leyendo las Escrituras, me llamaron la atención dos pasajes en los que aparece la expresión “anatema”, dos pasajes con dos aplicaciones diferentes, dos pasajes que tienen hogaño una vigencia singular.

El primero de ellos lo encontramos en la epístola paulina a los Romanos, el segundo en la epístola paulina a los Gálatas.

En el primero se lee: “Porque desearía ser yo mismo anatema de Cristo por mis hermanos, deudos míos según la carne (Romanos 9, 3).

En el segundo puede leerse lo siguiente: “Pero, aun cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo os predicase un Evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema.

Lo dijimos ya, y ahora vuelvo a decirlo: Si alguno os predica un Evangelio distinto del que recibisteis, sea anatema” (Galatas 1, 8-9).

Comentando el primero, dirá el eximio exegeta Monseñor Juan Straubinger: “Por mis hermanos, en bien de ellos o quizá en lugar de ellos. Es un bello rasgo de su caridad que ama a los hermanos más que a sí mismo (…).

Pero bien sabe Pablo –acaba de proclamarlo en 8, 35-39– que nada podría separarlo del amor de Cristo.”

Y en comentario al segundo, la referida eminencia en Sagradas Escrituras, dijo: “El Evangelio no debe ser acomodado al siglo so pretexto de adaptación.

La verdad no es condescendiente sino intransigente. El mismo Señor nos previene contra los falsos Cristos (Mt. 24, 24), los lobos con piel de oveja (Mt. 7, 15, etc.), y también S. Pablo contra los falsos apóstoles de Cristo (2 Co. 11, 13) y los falsos doctores con apariencia de piedad (2 Tm. 3, 1-5).

Es de admirar la libertad de espíritu que el Apóstol nos impone al decirnos que ni siquiera un ángel debe movernos de la fe que él enseñó a cada uno con sus palabras inspiradas.”

Lo que San Pablo refiere a los Romanos cobra hoy una actualidad única y concretísima en aquellos soldados de Cristo, sean Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas o laicos, que llegan a ser excomulgados por determinados eclesiásticos.

Se los excomulga por estar defendiendo la integridad católica, y son excomulgados por seguidores de posturas modernistas y que dicen ser católico ese modernismo.

Esos excomulgados, esos anatematizados, son verdaderos discípulos de San Pablo, por ende de Cristo, porque ellos por el bien de las almas, por la defensa de la integridad del catolicismo y de la fe católica, no temen caminar con el mote de “anatema”, de estar excomulgados, rótulo que les cuelgan, reitero, autoridades ganadas por el recalcitrante progresismo, progresismo que adquirió dimensiones más colosales en el Sínodo de la Sinodalidad.

Los anatematizados del modernismo pueden identificarse con la expresión paulina: “Porque desearía ser yo mismo anatema de Cristo por mis hermanos”.

Monseñor Lefebvre, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, aquellos a los que peyorativamente se les llama “lefebvristas” y que no son más que católicos íntegros, bien pueden repetir con San Pablo: “desearía ser yo mismo anatema de Cristo por mis hermanos”.

El modernismo, de algún modo –y entiéndase bien lo de “de algún modo”-, parece permitir el cumplimiento del deseo paulino.

La caridad de los consabidos soldados que no se miran a sí mismos sino que luchan por el bien común de toda la Iglesia, acepta la persecución, la que, entre sus usos no teme blandir el anatema.

Y refrescamos la otra aplicación del anatema: “Pero, aun cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo os predicase un Evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema. Lo dijimos ya, y ahora vuelvo a decirlo: Si alguno os predica un Evangelio distinto del que recibisteis, sea anatema” (Gálatas 1, 8-9). ¡Oh, sí! ¡¿Cuántas cosas inventó el tan abominable, camaleónico, diabólico, perverso y anestésico modernismo, y cuántas deformó del Evangelio dando por católico lo que no lo es?! ¡Vendrá tiempo –y en breve viene- en que los innovadores que mal aplicaron el anatema surgido bajo el ala de una disposición canónica, sean fulminados por el anatema surgido bajo el ala del Santo Evangelio, es decir, fulminados por el mismísimo Cristo Rey!

Por mucho que se agite el mar; por bravas que se desaten las tormentas ante consagraciones episcopales sin mandato pontificio y motivadas por UN ESTADO DE NECESIDAD ALARMANTE DADO EN TODA LA IGLESIA CATÓLICA, dichas consagraciones son válidas, lícitas, y enterísimamente necesarias para la salvación de las almas.

Guste o no guste, se quiera o no se quiera ver, los mandatos pontificios desde Vaticano II en adelante han mirado en dirección a las novedades, novedades entre las que está el apañar, aupar, apadrinar, consolar, apoyar y conceder algo, a los que se pide acepten las invenciones a cambio de un poco de “tradición”: he aquí los del ranchito particular que fungen de tradicionales.

El anatema que busca apoyo canónico lanzado desde filas ganadas por el modernismo (por más encumbradas que se hallen) y que buscan castigar a quienes luchan por la integridad católica, es nulo.

El anatema pronunciado por la Palabra Divina que castigará al modernista que murió en su modernismo en lucha contra el catolicismo al que vivió deformando, es inapelable y plenamente efectivo.

Saldrán los repetidores; los del lugar común del “oh, cayeron en excomunión latae sententiae”; los que atropellan hasta los cánones de un Código de Derecho Canónico (mentado al amparo de la Revolución Litúrgica y que, por ende, tiene muchísimo de revolucionario), atropello que descarta los elementos de defensa que no deben descartarse y que son aportados por los mismos cánones.

Saldrán ellos, digo, escamoteando, silenciando y tapando que el verdadero apartado de la comunión eclesiástica es aquél que más y más se deja ganar por el modernismo, yendo por cenagosas aguas ajenas a las purísimas del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

La historia se repite. A los verdaderos heterodoxos, herejes y cismáticos, a ellos se los recibe, con ellos se festeja, ellos sí son “otros caminos de salvación”.

Pero a los amantes verdaderos y fieles defensores de la Tradición Católica, ni recibimiento.

Con los primeros, en ocasión de la celebración de la satánica Nostra Aetate, el Vaticano anunció: “El encuentro, organizado por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, se llevará a cabo la tarde del martes 28 de octubre de 2025 en el Aula Pablo VI.

La iniciativa conmemora los 60 años de la Nostra aetate y contará con la participación del Papa León XIV”; con los segundos, silencio y apartamiento.

El martirio de la fe se recrudece. “Anatematizado, excomulgado, desobediente y endemoniado”, vamos, ¿quién da más? Suenan los pasajes bíblicos: “Los judíos respondieron diciéndole: ‘¿No tenemos razón, en decir que Tú eres un samaritano y un endemoniado? (Juan 8, 48).

San Mateo anotó: “Entonces, el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, y dijo: ‘¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ahora mismo, vosotros habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?’ Contestaron diciendo: ‘Merece la muerte. Entonces lo escupieron en la cara, y lo golpearon, y otros lo abofetearon, diciendo: ‘Adivínanos, Cristo, ¿quién es el que te pegó?’ (Mateo 26, 65-68).

Y en San Marcos se lee: “El Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos, y dijo: ‘¿Qué necesidad tenemos ahora de testigos? Vosotros acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?’ Y ellos todos sentenciaron que Él era reo de muerte. Y comenzaron algunos a escupir sobre Él y, velándole el rostro, lo abofeteaban diciéndole: ‘¡Adivina!’ Y los criados le daban bofetadas” (Marcos 14, 63-65).

Los que firmaron un documento desaconsejando la Corredención de María Santísima, esto es, intentando apartarla: ¿firmarán también nuevos castigos (nulos desde ya) contra quienes se oponen íntegramente al modernismo, y así mantenerlos apartados?

¡Amigos íntimos de la Virgen Corredentora: Firmes en la fe!

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