Un zurdo demoledor


Jueves 22 de enero de 2026
Vicente Saldívar nació en uno de los tantos barrios pobres de Ciudad de México. Era uno de siete hermanos. Se peleaba en la calle. Se peleaba en la escuela. Hasta que su padre tomó una decisión: si iba a pelear, que fuera arriba de un ring. Así empezó la historia de Vicente Saldívar.
Su viejo era fanático del boxeo, como tantos mexicanos. Lo llevó a un gimnasio de barrio y lo dejó en manos de José Moreno, un entrenador veterano que vio algo distinto en ese chico zurdo, inquieto, con energía mal canalizada.
No era solo bronca: era resistencia, ritmo, una forma de pelear que no se agotaba nunca. Saldívar era un southpaw dinámico. Podía boxear o ir al choque. Sabía moverse, pero también sabía lastimar.
Su especialidad era el castigo al cuerpo, lento, constante, cruel. Tenía un don extraño: una frecuencia cardíaca anormalmente baja. Él mismo decía que ese era su secreto. Mientras otros se ahogaban, Saldívar recién empezaba a apretar.
Siete de sus nocauts llegaron después del séptimo round. No ganaba por explosión. Ganaba por desgaste.
Como amateur fue campeón de los Guantes de Oro de México en peso gallo. Con apenas 17 años fue a los Juegos Olímpicos de Roma 1960, pero quedó eliminado en su primera pelea. Perdió, sí. Aprendió también. Dos años después se hizo profesional.
En 1964 ganó el título mexicano pluma noqueando en dos rounds a Juan Ramírez. Ese mismo año dio un golpe fuerte: derrotó a Ismael Laguna, futuro campeón mundial y miembro del Salón de la Fama.
Antes de ir por el título del mundo, su récord era 25-1, con esa única derrota ya vengada por nocaut.
El 26 de septiembre de 1964, Vicente Saldívar le ganó una guerra sangrienta a Sugar Ramos y se convirtió en campeón mundial pluma WBA y WBC, noqueándolo en el round 11.
Su primer reinado duró tres años. Hizo ocho defensas exitosas. Pero su legado quedó marcado por una trilogía brutal contra Howard Winstone.
Le ganó la primera por decisión en 15 rounds. Le ganó la segunda, otra vez a 15 rounds, en una pelea que The Ring incluyó entre las 100 mejores peleas titulares de la historia. Y en la tercera, lo noqueó en el round 12.
Después de esa pelea, en octubre de 1967, anunció su retiro. Tenía el mundo a sus pies… y se fue.
Veintiún meses después volvió. Le ganó por decisión a José Legra, ex y futuro campeón. Y en 1970 recuperó el título mundial venciendo a Johnny Famechon en 15 rounds.
Duró poco. En su primera defensa cayó ante Kuniaki Shibata. Ya no volvió a ser campeón.
Vicente Saldívar no fue un boxeador de marketing. No fue un provocador. No fue un personaje. Fue un obrero del ring, un zurdo incansable que peleaba como vivía: resistiendo.
Un campeón que parecía no quedarse nunca sin aire. Y que, cuando se fue, dejó peleas que todavía hoy siguen respirando historia.
