Opinión

Parásitos


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Viernes 21 de marzo de 2025

La política mexicana está infestada de políticos parásitos. Gente que poco o nada aporta en beneficio de la patria. Seres improductivos que solo medran al amparo del presupuesto público, sin dejar nada a favor de la población de nuestro país.

Estas sanguijuelas que viven chupando la savia vital del erario público, no se limitan a sangrar las arcas públicas por su cuenta, sino que generalmente lo hacen en unión de otras sabandijas, semejantes a ellos, a quienes incrustan en las nóminas oficiales.

Tal es el caso de seres despreciables como Gerardo Fernández Noroña, mejor conocido en el ámbito legislativo como Changoleón, un vulgar agitador callejero, de ribetes porriles, al que la asunción al poder de la llamada cuarta transformación, llevó de manera inaudita, a las cámaras de legisladores.

Changoleón Noroña, un verdadero vividor, llegó incluso a ser postulado por su partido, como aspirante a la presidencia de la república, motivo por el cual, el seudolegislador, se siente con méritos para ser tratado con toda clase de consideraciones y acceder a todo género de privilegios.

Por eso reclamó la presidencia del Senado y para darse más tono, exigió hacer turismo legislativo, acudiendo a reuniones de dudoso valor para nuestro país, a realizarse en Europa, continente al que de no ser por su calidad de legislador, no habría podido llegar jamás.

Pero que la presencia de Changoleón en Estrasburgo no representa ningún beneficio para nuestro país, eso es un hecho. Solamente implica gastos de traslado, hospedaje y alimentación sufragados con dinero público, a favor de sabrá Dios cuantas personas, porque dudamos que viaje solo. Al menos lo hizo con un par de personas.

Y si multiplicamos estos gastos por el número total de legisladores federales y locales y por el número de funcionarios estatales y federales, nos encontraremos que se derrocha una cantidad gigantesca de recursos, que bien pudieran utilizarse en destinos más productivos.

Porque sujetos como Fernández Noroña, de corte porril y patibulario, no sirven sino para denigrar el servicio público y demeritan la labor de legislar a favor de los mexicanos, dilapidando recursos que bien pueden tener mejor utilidad.

Desafortunadamente la partidocracia es una hermandad corrupta y podrida, punto y aparte de colores y orientación ideológica, que como las plagas, se reproduce a costillas del organismo que la mantiene, al que inevitablemente ha de acabar tarde o temprano.

Ojalá que surja pronto una alternativa distinta a las actuales, infestadas todas por la codicia y los egoísmos particulares o de grupo, que pueda dar a la política nuevo rumbo y con ello, esperanza a nuestra población, porque los que hay, solo son vividores que pregonan honradez y austeridad, pero que hurtan nuestro menguado peculio con la mayor desvergüenza.

Seguimos pendientes…

Dios, Patria y Libertad

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