Internacional

Milei, ligado al imperio Rockefeller

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Miércoles 20 de diciembre de 2023

No solo la alianza con el judaísmo jasídico. El presidente argentino Milei también está muy ligado al imperio Rockefeller a través del Consejo de las Américas, de donde provienen muchos funcionarios de su gabinete de gobierno.

En nuestro artículo Libertario antiaborto, pero sin justicia social: Milei es una paradoja, nos referimos al impacto que causó la elección de Javier Gerardo Milei como presidente de la Nación, objetivo que alcanzó en sólo dos años de campaña, después de haber sido elegido diputado en 2021. Pero en las siguientes semanas postelectorales se vio con cuanta dificultad el presidente electo intentó armar su gabinete de gobierno, con marchas y contramarchas cotidianas, improvisando candidatos a cargos ministeriales que en varios casos renunciaron antes de asumir o fueron reemplazados por otros. Fueron tres semanas frenéticas de negociaciones, en medio de un cuadro de incertidumbre por momentos muy preocupantes, demostrado por el hecho que recién dos días antes de asumir el presidente Milei pudo confirmar los 8 ministros que lo acompañarán en su gestión iniciada el domingo 10 de diciembre.

En medio de esos trajines, nos referimos también al hecho novedoso que en la segunda semana postelectoral el ahora presidente argentino enhebró e hizo pública una alianza informal con el poderoso movimiento judío jasídico Yabad Lubavicht, ratificando así su proclamada adhesión al judaísmo, desde varios meses atrás, de lo cual informamos en un segundo artículo de nuestra autoría: La “Santa Alianza” de Milei: anarcocapitalismo y judaísmo jasídico.   

Finalmente, el presidente Milei pudo armar su gabinete, con funcionarios que provienen fundamentalmente de una corporación -Aeropuertos Argentina 2000-, propiedad de un poderoso empresario argentino, Eduardo Erneukián, condecorado en diciembre de 2020 con la Orden del Imperio Británico.

Pero en realidad, la corporación forma del Consejo de las Américas, una organización creada por David Rockefeller en 1965 para agrupar a las más importantes empresas norteamericanas, basado en la creencia fundamental que “los mercados libres y los emprendimientos privados ofrecen los medios más efectivos para lograr el crecimiento y la prosperidad económicos de la región”[1], congregando inicialmente a las principales empresas estadounidenses con intereses en Hispanoamérica, que con el tiempo incorporó a empresas multinacionales de origen europeo y asiático. Esta institución basa su acción en el más puro y rancio dogma liberal híper-capitalista, que supone que la libertad de comercio y la iniciativa privada constituyen el mejor medio para hacer desarrollar económica y socialmente a Hispanoamérica. Todo ello con el objetivo fundamental de “informar, alentar y promover mercados libres e integrados para beneficio de las compañías que forman parte de nuestra membresía, así como de los Estados Unidos y de todos los pueblos de las Américas”[2].

En su página web se puede encontrar la lista completa de las empresas que forman parte de la organización, que incluyen a las principales empresas argentinas, incluido el Banco de la Nación Argentina, el banco estatal nacional[3]. Hay que destacar que este agrupamiento sigue uno de los principios rectores formulados por el creador de Imperio Rockefeller, John Davison Rockefeller, según el cual la finalidad de la actividad económica empresarial es “no ser dueño de nada, sino controlar todo”. Es decir, las empresas miembros del Consejo de las Américas no son propiedad del clan familiar de Ohio, sino que están controladas por este último.

Esta organización, a través de sus empresas miembro, es la que ha tomado el control de las economías nacionales de los países hispanoamericanos, a partir de los golpes de Estado militares y de los gobiernos “democráticos” postdictaduras. Es decir, durante los últimos 40 años el conglomerado Rockefeller dominó y controló las economías nacionales americanas, tanto con gobiernos de orientación liberal como de orientación socialdemócrata.

En realidad, después de 40 años de “democracia” en Argentina, es la primera vez que este poder corporativo estadounidense globalista toma el control directo de la administración económica gubernamental. Y así, a dos días de haber asumido la presidencia, al mismo tiempo que Javier Milei concurrió en  la ciudad de Buenos Aires a celebrar la fiesta de la Hanukka, el ministro de economía Luis Caputo -que no es economista, sino un simple especulador financiero- presentó al país un plan de ajuste brutal, con escaso o nulo sustento macroeconómico, que va a significar en lo inmediato un empobrecimiento general de la población, un derrumbe de la actividad productiva, pero con el poder financiero especulador conservando intactos las colosales ganancias obtenidas en las últimas 4 décadas y sin padecer el más mínimo ajuste. Todo esto a contramano de la ideología anarcocapitalista que profesa el primer mandatario y de las creencias judías de las que hace gala, es decir, un ajuste liberal ortodoxo en toda la línea, al punto que los anuncios provocaron el beneplácito y satisfacción de la directora general del FMI, Kristalina Georgieva. Plan ejecutado por funcionarios surgidos de las filas de la empresa Aeropuertos Argentina 2000, uno de los pilares de la corporación creada por David Rockefeller.

En tan solo dos días de gobierno, el presidente Javier Milei echó por la borda sus promesas electorales y su lucha contra la “casta política populista”, para poner la economía argentina en manos del poder corporativo globalista nucleado en el Consejo de las Américas, exclusivo beneficiario de 40 años de las políticas “populistas”. Y para quienes todavía creen que el liberalismo o el anarcocapitalismo representa el enemigo mortal del marxismo comunista, harán bien en leer la frase final de la Segunda Parte del Manifiesto del Partido Comunista, redactado por Karl Marx en 1848: “En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, surgirá una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno será la condición del libre desarrollo de todos”. Ambos -marxismo y anarcocapitalismo (ultraliberal, piadosamente judío)- apuntan al mismo objetivo final: el libre desarrollo individual absoluto, condición sine qua non para vivir en armonía.

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