Religión

Las almas que pasan su Purgatorio en las iglesias

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Lunes 17 de julio de 2023

Las almas que pasan su Purgatorio en las iglesias se revelan a sacerdotes

Existen muchas historias de almas cumpliendo su Purgatorio en una iglesia.

Hay leyendas como la de Alondra de la Catedral de Toledo, una joven que murió trágicamente antes de poder casarse y comenzó a aparecer en la catedral durante las misas. 

Varios sacerdotes y feligreses afirmaron haberla visto, vestida con un vestido blanco y una corona de flores.

Y también hay relatos del Padre Pío sobre monjes que estaban cumpliendo su Purgatorio dentro del convento de San Giovanni Rotondo, donde él vivía.

Y con los que él tenía contacto.

Y hay testimonios de sacerdotes que se repiten, que presenciaron a Almas del Purgatorio rezando dentro de las iglesias.

Aquí contaremos 4 encuentros de sacerdotes con almas del Purgatorio dentro de las iglesias.

Un sacerdote de EE.UU. entró a la sacristía para preparar la misa de la mañana y escuchó a un grupo de hombres y mujeres rezando el Rosario en la iglesia, con una devoción que normalmente no se escucha. 

Y le extrañó porque era demasiado temprano para rezar el Rosario, no había autos en el estacionamiento, ¿y cómo habían entrado?

Abrió la puerta de la sacristía y se asomó a la iglesia. 

Y tan pronto como abrió la puerta de la sacristía, la oración cesó y vio que la iglesia estaba vacía.

Confundido entró de nuevo a la sacristía y volvió a escuchar el mismo rezo del rosario.

Entonces se dio cuenta que debían ser Almas del Purgatorio orando frente al Santísimo Sacramento. 

Porque Dios a veces permite a las pobres almas rezar en la iglesia frente al Santísimo Sacramento, para hacer al menos parte de su limpieza en lugares familiares?

Pero un sacerdote filipino llegó hasta a rezar con ellas, aunque permanecieron invisibles.

Una noche después del devastador tifón “Amy” del 8 de diciembre 1951, un joven sacerdote llamado Cipriano Urgel rezaba el responso en latín para los muertos, dentro de la capilla de la Parroquia de la Virgen de la Asunción de Barangay Bontay.

Lo que pasó esa noche se convirtió en parte de la leyenda de Urgel, porque luego este sacerdote sería el primer arzobispo de la Arquidiócesis de Palo en 1982.

Urgel estaba rezando el “Ave María” en latín en voz baja, cuando oyó una voz desde algún lugar respondiendo “Santa María, madre de Dios…”, también en latín.

Cuando miró a su alrededor no había nadie allí, sino sólo él. Asustado el sacerdote dejó de orar y casi no durmió esa noche.

La noche siguiente Urgel de nuevo oró el responso.

Y cuando comenzó a rezar el Ave María, esta vez varias voces respondieron con “Santa María, Madre de Dios…”.

Una vez más miró a su alrededor, pero él era el único en el interior de la capilla.

Y en lugar de asustarse, Urgel continuó orando, pero ahora al recitar el Santo Rosario, era un coro que contestaba, y sus voces además crecían.

Urgel continuó con su recitación todas las noches con las voces extrañas como coro, hasta que se desvaneció en frecuencia y luego se detuvo por completo.

Más tarde le fue informado que la capilla fue el sitio de un antiguo cementerio, antes de que la iglesia fuera construida, en la década de 1870.

Y pensó que esas eran almas perdidas que hicieron su camino de regreso a Dios ahí.

Otro caso ocurrió en una parroquia de Alaska y quedó escrito gracias al sacerdote jesuita leonés Segundo Llorente, misionero en el Círculo Polar Ártico.

El padre Llorente dice que transcribió el testimonio de otro cura, pero muchos piensan que le sucedió a él mismo. 

Después de la Misa de Medianoche de Navidad cerró personalmente la iglesia, fue a su habitación y se durmió.

A las 7:30 de la mañana se levantó y fue de nuevo a la iglesia con la intención de tener una hora de oración.

Abrió la puerta lateral que conducía a la sacristía y luego encendió las luces de la iglesia.

Y al abrir la puerta de la iglesia vio gente extrañamente vestida, con la ropa de lo más pobre, que ocupaban la mayor parte de los bancos.

Todos estaban en silencio total. Nadie se movía y a nadie le importaba mirarlo.

Un grupo pequeño estaba junto a la escena del pesebre, contemplándolo en silencio total.

El sacerdote se recuperó rápidamente y en voz alta preguntó cómo llegaron. “¿Quién les ha dejado entrar?” 

Y una mujer contestó totalmente indiferente: “Cosas extrañas suceden en la noche de Navidad». Y de vuelta el silencio total.

Fue a ver la puerta principal y la encontró cerrada tal como la había dejado. Y decidido a aclarar los hechos volvió la cara a los bancos, pero estaban vacíos. Las personas habían desaparecido.

La explicación del Padre Segundo LLorente es que eran muertos que estaban haciendo su Purgatorio, o parte de él, en la iglesia?

Y también tenemos el caso de un sacerdote que fue a ver cómo había quedado la Catedral de Messina luego de un gran terremoto.

Después de almorzar le pidió al custodio que abriera la puerta para poder mirar y orar.

Después de pasar mucho tiempo admirando las estatuas y las pinturas, se fue a rezar delante de la estatua de la Santísima Virgen. Y se quedó dormido. 

Cuando despertó notó que estaba empezando a oscurecer, trató de abrir las puertas pero estaban cerradas con llave.

Empezó a golpear y a gritar para que alguien lo ayudara, pero el custodio se había ido a su casa pensando que el sacerdote ya se había retirado.

Se dio cuenta que iba a tener que dormir en la Iglesia y se acomodó en un confesionario para pasar la noche. 

Después de que la campana sonó por la media noche, oyó un ruido, y asombrado vio el altar de la Iglesia rodeado por una luz misteriosa.

Y de un nicho en la pared apareció un monje con su capucha sobre la cabeza que dijo en voz alta, “¡Hay un sacerdote aquí, que celebre una Misa por mi alma que sufre en el Purgatorio!”

El sacerdote se asustó, se escondió en el confesionario y se puso a rezar sin parar. 

A las dos de la mañana sonaron de nuevo las campanas y vio que de nuevo el altar se iluminó, y el monje salió del nicho diciendo, “¡Hay un sacerdote aquí, que celebre una Misa por mi alma que sufre en el Purgatorio!”.

El Sacerdote todavía asustado, no dijo nada, y otra vez la Iglesia se oscureció.

Entonces el Sacerdote le pidió a la Santísima Virgen que le diera valor.

Oyó las campanas de las tres de la mañana. Y el monje volvió a salir preguntando si había un sacerdote para celebrar misa.

El Sacerdote salió del confesionario y dijo: “Si, yo lo haré”.

Se dirigió al altar y encontró todo preparado para la Misa, se revistió y ofreció la Misa por la intención del reposo del alma del monje.

Y después de terminar la Misa oyó la voz que provenía del nicho en la pared que le dijo, “No puedo agradecerte lo suficiente por lo que has hecho por mí. Durante 145 años he venido aquí pidiendo a alguien que me ayude. 

Esta noche estaré en el Cielo por tu Misa y tu acto de caridad. 

Por la Gracia de Dios te mostraré mi agradecimiento advirtiéndote cuando se acerque tu propia muerte”.

Y años después el monje le avisó de su muerte con tres días de anticipación.

Y más tarde, cuando empezaron a restaurar la iglesia, encontraron en el nicho de la pared, cerca del altar, un esqueleto de monje con capucha marrón.

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