Religión

Sarah: nadie puede inventar un sacerdocio femenino

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Domingo 16 de julio de 2023

El cardenal Robert Sarah, prefecto emérito del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, señaló durante un viaje a México que «el sacerdocio es único» y advirtió que «ningún concilio, ningún sínodo puede inventar un sacerdocio femenino».

En su conferencia, titulada «Servidores Gozosos del Evangelio», el 3 de julio de 2023 en el Seminario Conciliar de la Ciudad de México, el cardenal aseguró que nadie «tiene el poder de transformar este don divino, adaptarlo y reducir su valor trascendental al ámbito cultural y ambiental».

«Ningún concilio, ningún sínodo, ninguna autoridad eclesiástica tiene potestad para inventar un sacerdocio femenino… sin menoscabar gravemente la fisonomía perenne del sacerdote, su identidad sacramental, en el marco de la renovada visión eclesiológica de la Iglesia, del misterio, de la comunión y de la misión», enfatizó.

El cardenal Sarah hizo hincapié en el hecho de que «la fe católica profesa que el sacramento del Orden Sagrado, instituido por Cristo el Señor, es uno y el mismo para la Iglesia universal. Para Jesús, no hay sacerdocio africano, alemán, amazónico o europeo».

El sacerdocio: «un don»

En su conferencia, el prefecto emérito también reflexionó sobre el hecho de «ser sacerdote» y subrayó que «el sacerdocio es un gran, gran misterio, un don tan grande que sería pecado desperdiciarlo».

«Es un don divino que debe ser recibido, comprendido y vivido, y la Iglesia siempre ha buscado comprender y profundizar el ser real y propio del sacerdote, llamado a ser un alter Christus, otro Cristo, más aún un ipse Christus, Cristo mismo, para representarlo, para conformarnos a Él, para ser configurados y mediadores en Cristo con la ordenación sacerdotal», explicó.

Para el cardenal guineano, «el sacerdote es un hombre de Dios que está día y noche en la presencia de Dios para glorificarlo, para adorarlo. El sacerdote es un hombre inmolado en sacrificio para prolongar el sacrificio de Cristo por la salvación del mundo».

El cardenal señaló que la «primera tarea» de los sacerdotes «es orar, porque el sacerdote es un hombre de oración: comienza su día con el oficio de las lecturas y lo termina con el oficio. (…) Un sacerdote que no ora está condenado a morir. Una Iglesia que no ora es una Iglesia muerta», advirtió.

Respecto a la falta de vocaciones sacerdotales, animó a los fieles a rezar porque «no es que seamos pocos. (…) ¿Cuántos de nosotros somos sacerdotes hoy? Somos aproximadamente 400,000 sacerdotes en el mundo. Somos demasiados», dijo, citando la misma observación hecha por el Papa Gregorio Magno en el siglo VII.

«Muchos han aceptado el sacerdocio, pero no están haciendo el trabajo del sacerdote», explicó el cardenal. «En respuesta, por lo tanto, debemos orar. Pedirle que envíe obreros a su mies, oremos. Y mostremos que los sacerdotes somos felices, porque si los jóvenes ven que estamos tristes, no atraeremos a nadie», insistió. «Debemos ser felices, aunque suframos».

Una intervención que no es casualidad

Esta conferencia del cardenal Sarah se produce justo después de la publicación del Instrumentum laboris del Sínodo sobre la Sinodalidad, que (re)plantea la cuestión del diaconado femenino. Ahora bien, vale la pena repetirlo, el Concilio de Trento afirma infaliblemente que el sacramento del Orden Sagrado tiene al menos tres grados: episcopado, presbiterado y diaconado.

Y toda la Tradición, retomada por un texto infalible de Juan Pablo II (Ordinatio sacerdotalis), afirma que solo el hombre (masculino) puede recibir el poder del Orden. Esto explica las afirmaciones del prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

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