Religión

Sólo la verdadera caridad podrá triunfar en el imperio del egoísmo y la impureza

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Padre Davide Pagliarani

28 de septiembre de 2022

SI DIOS PERMITE COMO NUNCA ESTA UNIVERSALIDAD DEL MAL,
ESTE NUEVO IMPERIO PAGANO, ES CIERTAMENTE CON EL FIN
DE SUSCITAR EL HEROÍSMO CRISTIANO EN TODO EL MUNDO

Frecuentemente en la historia el mundo ha tenido la impresión repentina de despertarse como uno distinto. En la antigüedad cristiana, por ejemplo, en cierto momento el mundo “quedó estupefacto al despertarse arriano”, como dice san Jerónimo. Del mismo modo, en el siglo XVI, un tercio de Europa se despertó protestante. En realidad, estos fenómenos no ocurrieron en el espacio de una noche, sino que fueron preparados progresivamente. Sin embargo, realmente aparecieron como una sorpresa porque los contemporáneos no habían comprendido la gravedad de los diferentes hechos que prepararon estas catástrofes. No se daban cuenta de las consecuencias que tales hechos implicaban. En este sentido, pueblos enteros se han despertado arrianos o protestantes y, cuando se han despertado, ya ha sido demasiado tarde.

Lamentablemente, hoy estamos viviendo una situación similar. Vemos a nuestro alrededor cosas, palabras, iniciativas que nos escandalizan, pero corremos el riesgo de no comprender todo su alcance. A menudo, estos elementos son percibidos como cosas diversas que conciernen a los demás, pero que nunca nos afectarán. Son reconocidos, odiados, pero de alguna manera son ignorados en la vida diaria. Esto hace que nuestros ojos no siempre estén completamente abiertos para percibir la influencia y el peligro de estas realidades sobre nosotros mismos y, sobre todo, sobre nuestros hijos. Hay que decirlo claramente: el mundo se está transformando en una Sodoma y Gomorra universal. No podemos evitarlo yéndonos a otro lugar, porque esta transformación es universal. Debemos mantener la calma, pero prepararnos ahora, con todos los medios a nuestra disposición, para no ser sorprendidos al despertar.

Sodoma y Gomorra universal

Es siempre difícil aparecer como profeta de desgracias, pero a veces no se puede evitar. Una cultura diabólica se instala cada día más profundamente en el mundo. Después de haber rechazado a Dios por la apostasía y el ateísmo, la humanidad contemporánea quiere inevitablemente sustituirlo. Y los resultados son satánicos. El hombre pretende hoy determinar lo que es el bien o el mal. Es él quien pretende elegir vivir o morir, ser un tal o una tal, dar la vida o suprimirla… En resumen, decidir todo lo que Dios debería decidir, y esto a una escala universal.

Pero lo peor de todo es la voluntad manifiesta de iniciar a los inocentes en estos principios abominables. Se presta especial atención a la infancia y la juventud, con el fin de introducirlos desde una edad temprana en esta nueva visión de la realidad, corromperlos y enseñarles lo que sólo los adultos deberían saber, e incluso lo que ni siquiera los adultos deberían conocer en una sociedad todavía humana y sana. Moralmente hablando, prevalece una verdadera voluntad de destruir la inocencia donde se supone que debe existir naturalmente. Ahora hemos llegado a este punto. El problema no es solo el pecado que invade el mundo y lo contamina todo a su paso, sino el hecho de que todo esto sea aprobado e impuesto. Es el signo de que Dios, abandonado por el hombre, ha abandonado a su vez al hombre a su suerte.

Las consecuencias del rechazo de Dios

En la nueva Sodoma, la fe y el amor han dejado paso definitivamente a la mentira y al egoísmo.

San Pablo describía ya en detalle el resultado último de la apostasía, en términos inequívocos: “Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; sino que ensoberbecidos devanearon en sus discursos, y quedó su insensato corazón lleno de tinieblas… Por lo cual, Dios los abandonó a los deseos de su depravado corazón, a los vicios de la impureza, en tanto grado que deshonraron ellos mismos sus propios cuerpos; ellos que habían colocado la mentira en el lugar de la verdad de Dios, dando culto y sirviendo a las criaturas en lugar de adorar al Creador…  Por eso los entregó Dios a pasiones infames…. Pues como no quisieron reconocer a Dios, Dios los entregó a un réprobo sentido, de suerte que han hecho acciones indignas del hombre, quedando atestados de toda suerte de iniquidad, de malicia, de fornicación, de avaricia, de perversidad; llenos de envidia, homicidas, pendencieros, fraudulentos, malignos, chismosos, infamadores, enemigos de Dios, ultrajadores, soberbios, altaneros, inventores de vicios, desobedientes a sus padres, irracionales, desgarrados, desamorados, desleales, despiadados, los cuales en medio de haber conocido la justicia de Dios, no echaron de ver, que los que hacen tales cosas, son dignos de muerte eterna, y no sólo los que las hacen, sino también los que aprueban a los que las hacen” (Rom. 1,21 ss).

La debilidad de los hombres de Iglesia

Ante esta situación, la Iglesia surgida del Concilio se encuentra en un callejón sin salida. Esto era inevitable desde el día en que el diálogo sustituyó a la predicación de la verdad. La voluntad de conformarse al mundo, de aceptarlo tal como es, sin condenarlo en sus extravíos, sin enfrentarlo, esta voluntad está dando sus frutos finales. Ya hay partes considerables de la Iglesia que preconizan abiertamente la aceptación de las abominaciones mencionadas. Otras partes de la Iglesia parecen no saber en nombre de qué podría oponerse. En fin, todo está listo para un nuevo Sodoma y Gomorra.

La necesidad de remedios adecuados

La primera condición para cualquier posible solución es, ante todo, abrir los ojos y comprender que este nuevo paradigma nos afecta a todos. Encontrándose en la cultura dominante, está presente en todas partes: en el lenguaje, en las modas, en el arte, en los espectáculos, en la calle. Está en los mensajes que recibimos continuamente, puesto que es el prisma propio de nuestro tiempo y a través del cual todo se filtra y se presenta. Debemos ser más conscientes de ello: el aire que respiramos está envenenado, la Internet, con la que nos vemos cada vez más obligados a vivir y que consumimos, está envenenada y transmite la peste, incluso en los rincones más remotos. Todo esto nos afecta necesariamente. Y una vez más, los más indefensos ante este terrible veneno son los niños y los jóvenes, comenzando por los de nuestras propias familias.

El heroísmo cristiano: sus dos características esenciales

Pero entonces, ¿qué debemos hacer cuando abrimos los ojos? Si Dios permite como nunca esta universalidad del mal, este nuevo imperio pagano, es ciertamente con el fin de suscitar el heroísmo cristiano en todo el mundo. No se puede vivir fuera de este imperio, pero se puede vivir allí sin ser aplastado por él. Podemos sobrevivir en la medida en que nosotros mismos nos “discriminamos”, es decir, nos mantenemos al margen.

Este heroísmo, que los cristianos ya han demostrado en los imperios paganos, tiene dos rasgos característicos.

En primer lugar, comienza, se alimenta y se desarrolla en la oscuridad. Necesita perspectiva para crecer. Necesita la oración para crecer en el amor de Dios y en el odio más radical al pecado. No se puede hacer en un día. Los grandes actos externos, expresión de este heroísmo, han sido siempre, a lo largo de los años, el resultado de una constancia oculta y de una perseverancia a toda prueba. El heroísmo de la cruz presupone la oscuridad del pesebre y de la casa de Nazaret. La perseverancia final se dará solo a aquellos que, en la vida cotidiana, en sus acciones más comunes, habrán sido capaces de protegerse del mal y de abstenerse del pecado con un heroísmo que solo Dios – que sondea las entrañas y los corazones – conocerá y recompensará. Las declaraciones y acciones exteriores, sin un corazón puro, sin una verdadera conversión interior, correrían el riesgo de dejarnos en la ilusión, incluso en la hipocresía. Este corazón puro, fijado en Dios, que Abraham poseía, le permitió mantenerse alejado de todo lo que Sodoma representaba. Lot, a pesar de ser él mismo un hombre justo (2 Pedro 2,7-8), optó por establecerse en Sodoma y permanecer allí: este ambiente, a pesar de todo, le gustaba, y sus hijos lamentablemente no escaparon a sus malas influencias.

El segundo rasgo de este heroísmo, que también debe manifestarse a lo largo de los años, es la entrega radical de sí mismo. Es el signo inequívoco del amor. La profesión de fe solo es eficaz si va acompañada de una verdadera generosidad en la entrega de uno mismo a Dios, que hace amar todo lo que ama como Él lo ama, y odiar todo lo que Él odia, como Él lo odia. Sin ese amor, no podemos tener ese odio. Y sin este odio, no se puede resistir a una seducción que va a ser cada vez más sutil, profunda y universal, seducción a la que la familia de Lot no ha escapado del todo.

Credidimus caritati: tres armas privilegiadas

Abramos los ojos ahora, abramos los ojos de nuestros hijos, antes de despertarnos hundidos en la nueva Sodoma. Ante todo, demos a nuestros hijos la lección de nuestro ejemplo, de nuestro amor y de nuestro odio. No debemos esperar para protegerlos. Alejemos de nuestra casa todo lo que pueda contribuir a propagar el espíritu del mundo, sin compromisos, con una suave y sana intransigencia. No seamos ingenuos ni débiles: ninguna familia, ninguna persona puede considerarse a salvo. La corrupción ya es mucho más profunda de lo que se piensa, y su avance es imparable.

Al mismo tiempo, no olvidemos que esta batalla es fundamentalmente sobrenatural. No podemos enfrentar trampas diabólicas con medios puramente naturales. Los medios sobrenaturales se reducen a tres principales, y debemos redescubrirlos continuamente.

El primero es la Santa Misa: por ella Nuestro Señor sigue venciendo al demonio y al pecado. Nunca apreciaremos este medio en todo su valor y nunca nos apoyaremos demasiado en él. Es la preciosa Sangre ofrecida sobre nuestros altares la que conservará hasta el fin de los tiempos el poder de hacer florecer la pureza y la virginidad, incluso en medio de la nueva Sodoma. La Misa es la obra maestra del amor de Nuestro Señor por las almas, y alimenta en ellas el mismo amor que las fortalece hasta la entrega de sí.

El segundo medio es el Santo Rosario. Este medio tan ordinario necesita ser redescubierto en nuestras familias. Debemos buscar cada vez más sumergirnos en los grandes misterios de la vida de Nuestro Señor y de Nuestra Señora. Así, guiados por nuestra Madre, llegaremos a ser capaces de imitarlos en la ofrenda de sí mismos a Dios y en su espíritu de sacrificio y en su pureza. Por desgracia, en algunos casos no se puede encontrar el tiempo necesario para orar juntos. El Rosario debe seguir siendo la primera de todas las actividades familiares cotidianas. Hay que organizar el día a su alrededor. En las familias donde esta es la regla, no faltará la gracia de la perseverancia de los hijos.

El tercer medio es ciertamente el más específico, en la situación actual, para obtener la perseverancia: se trata del Corazón Inmaculado de María. En su Providencia, Nuestro Señor quiso ofrecernos un refugio en medio de Sodoma y Gomorra. Debemos entrar en ese refugio. Es decir, debemos establecer entre nuestro corazón y el de la Virgen tal intimidad que podamos conocer y admirar la vida interior de la Virgen, compartir sus deseos, sus alegrías y sus penas, sus preocupaciones. Sobre todo, compartir también su voluntad de cooperar sin reservas en la obra de la Redención.

¿Qué podremos descubrir en este Corazón que no pueda ser encontrado en ningún otro lugar? Encontraremos sobre todo aquella caridad irresistible, que hace invencibles a las almas. Ahí es donde se esconde el secreto de la victoria y es donde hay que ir a buscarla. Cuando un alma ama de verdad, está lista para enfrentar cualquier prueba. Desaparecen todos los temores legítimos y comprensibles; toda debilidad se desvanece; el heroísmo se hace posible. En efecto, todo lo que acabamos de evocar en las reflexiones que preceden se reduce a una cuestión de amor radical. El amor verdadero, la caridad que Dios derrama en nuestros corazones, prevalece siempre. Cuando el amor reina, subyuga. El amor del que hablamos no es sinónimo de debilidad, sino de fuerza. Es el arma a la que nada puede resistir. Sólo el amor de almas dispuestas al martirio podrá triunfar en el imperio del egoísmo y de la impureza. Y es precisamente en el Corazón de la Virgen donde encontraremos el ejemplo y la fuente de este amor que ya no existe en el mundo, pero que debe ser el nuestro. Credidimus Caritati.

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