Religión

El Secreto mejor guardado en el Corazón de la Virgen María

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Las últimas horas de Jesús vistas por Su Madre.

Hay un secreto bien guardado en el corazón de la Virgen María.

Y se refiere a la pasión de su hijo y a sus últimas horas de vida.

Al que se puede acceder sólo si hacemos con Ella y Su hijo la devoción que Ella creó, el mismo día en que Jesús murió.

Una devoción que ha sobrevivido hasta nuestra época, aggiornada especialmente por los franciscanos.

Te vamos a contar dónde reside ese secreto y cómo acceder a él si recorremos la devoción a través de los ojos de la Santísima Virgen.

Dicen las escrituras que María guardaba todas las cosas de Jesús en su corazón, Lucas 2:19.

Ella como madre vivió el momento más doloroso que una madre puede vivir, y más aún, el más doloroso que un creyente puede vivir, que es el castigo de los hombres a Dios.

Y no bien murió Jesús, Ella comenzó una devoción que rememora todo lo que vio durante las últimas 9 horas de vida de Su hijo.

Y que dio forma a lo que luego relatan los evangelios, que comenzaron a ser escritos no antes de 15 años después de la muerte de Jesús y luego de la asunción de María.

No bien murió Jesús, Ella comenzó con una de las devociones más importantes que se han desarrollado en el cristianismo, el Vía Crucis.

Nos contó los secretos del camino que hizo Jesús hacia su crucifixión por la Vía Dolorosa de Jerusalén el Viernes Santo, desde el Pretorio al Calvario.

nos enseñó a detenernos en cada una de las estaciones y meditar, como estando presente allí, como sólo Ella, las mujeres y Juan estuvieron.

Acá vamos a contar cómo lo creó María.

Esta devoción tiene tres grandes beneficios para los cristianos hoy, y es recomendable realizarla no sólo en cuaresma sino en todo tiempo, en especial los viernes.

Primero, porque corre el velo de lo que los ojos de María vieron como madre.

Segundo, porque se trata de una devoción con una estricta base histórica, rememoramos cosas que sucedieron realmente.

Y tercero, porque nos ayuda a comprender la parte culminante de la misión del Señor en la Tierra y su sufrimiento por la redención de los seres humanos.

Esta devoción creada por María, se puede practicar en las iglesias, donde por lo general existen reproducciones pictóricas de las estaciones de la Cruz.

O externamente al templo, por ejemplo en una manifestación alrededor de la parroquia.

Y es especialmente apta para realizarla cada uno en su casa.

La cantidad de estaciones ha ido variando a través de la historia. 

Pero últimamente se ha estandarizado a 14 estaciones, organización desarrollada por los franciscanos, a quienes se les concedió en 1342 la custodia de los lugares más sagrados de Tierra Santa.

Si quieres saber el contenido de las estaciones y cómo rezarlo busca en internet, que es muy fácil de encontrar, y en la descripción de este video hemos puesto los links a artículos nuestros sobre el tema.

¿Cómo se reveló lo que hizo María?

Pocas personas saben que esta devoción del Vía Crucis fue creada por la misma Virgen María no bien murió Su hijo. 

Esto fue revelado por la beata Ana Catalina Emmerich, gracias a cuyas videncias fue localizada la casa donde María vivió los últimos años de su vida junto con el apóstol Juan, en Éfeso.

Y hoy es un lugar de peregrinación que se encuentra en la actual Turquía.

Hemos hecho un video y escrito artículos sobre el impresionante hallazgo. 

¿Y cómo María desarrolló el vía crucis?

Después de la muerte de Jesús, María fue sacada del calvario sin conocimiento por sus amigos.

Marcharon a casa de Lázaro, donde se encontraban las otras santas mujeres.

Y allí el amor, el ardiente deseo de estar cerca de Jesús y de no abandonarlo, le dieron una fuerza sobrenatural y entonces partieron en número de 17 para seguir el camino de la Pasión nuevamente 

Dice la vidente,

«Yo las vi cubiertas con sus velos llegar sin atender a las injurias del populacho, besar la tierra en el sitio en que Jesús cargó con la Cruz, y después seguir el camino que Él mismo había seguido».

María buscaba las huellas de sus pies, contaba todos sus pasos e indicaba a sus compañeras los lugares consagrados por alguna dolorosa circunstancia. 

De esta manera es como esta devoción fue en un principio escrita en el corazón de María, pasó de su sagrada boca a sus compañeras, y de éstas a las escrituras y luego a nosotros.

Nuestra Señora sobrevivió 15 años a la ascensión de Jesucristo. 

Cinco años habitó en Jerusalén y los otros 10 en Éfeso, junto a San Juan, el discípulo amado.

Estando en Jerusalén, recorría la vía dolorosa siguiendo la misma ruta por la que pasara el Señor cargando con la cruz a cuestas diariamente.

Se detenía en cada uno de aquellos sitios que ofrecían un recuerdo especial para meditar y considerar la angustia que allí sufrió.

Algunas veces, el dolor que la inundaba era tal, que se desvanecía y quedaba enferma por largos días. 

Muchos creían que tarde o temprano fallecería a consecuencia de uno de estos desvanecimientos.

Tan así, que se le preparó una sepultura que no ocupó jamás, ya que su asunción fue estando en Éfeso con San Juan.

La Iglesia Católica sostiene el dogma que María ascendió en cuerpo y alma al cielo, pero no se expidió si la Virgen murió previamente o sólo dormitó.

Luego de 5 años en Jerusalén María se mudó a una casa que había hecho construir Juan en Éfeso.

Varias familias cristianas se habían establecido allí, antes incluso de que estallara la gran persecución.

Permanecían en tiendas o en grutas, hechas habitables con la ayuda de algunos entablados.

Y separadas una casa de otra por alrededor de 1 kilómetro.

La casa de María era la única de piedra y estaba a 17 kilómetros de Éfeso, un lugar solitario, con muchas colinas agradables y algunas grutas excavadas en la roca.

Había en las cercanías un castillo donde residía un rey que había sido destronado, que San Juan visitaba a menudo y que luego convirtió. 

Donde más tarde fue un obispado. 

Ana Catalina Emmerich da muchos detalles de la casa, que sirvieron luego para que una expedición encontrará la casa a finales del siglo XIX.

Había permanecido oculta para el mundo por siglos, pero paradójicamente tenía en el frente una imagen de la Virgen y era un lugar de peregrinación, especialmente de los musulmanes.

No bien se instaló María en la casa construyó una réplica del vía crucis de Jerusalén, a alguna distancia detrás de su casa, en el camino que conducía a la montaña.

De tanto recorrerlo en Jerusalén sabía exactamente los pasos entre un lugar y otro de los 12 sucesos, a los que Ella daba más significación.

La beata Emmerich dice que a poco de su llegada a Éfeso la Virgen recorría la vía dolorosa entregándose a las meditaciones de la pasión.

Al principio iba sola, y medía con el número de pasos la distancia entre los diversos lugares donde había ocurrido algún incidente de la Pasión.

En cada lugar, erigiría con el tiempo una piedra, o si allí había un árbol, le haría una señal. 

El camino conducía hasta un bosque en donde una altura representaba el Calvario y una gruta en otra altura representaba el Santo Sepulcro.

Y cuando hubo dividido el trayecto en doce estaciones bien señalizadas y a las distancias exactas de los sucesos originales, lo seguiría diariamente en compañía de su sirvienta, sumergida en silenciosa contemplación.

Se sentaban en cada sitio que recordaba un episodio de la Pasión, meditando su significación misteriosa, dando gracias al Señor por su amor y derramando lágrimas de compasión. 

Y aún después arregló mejor las estaciones. 

Dice la beata Emmerich que la vio escribir con un punzón en cada una de las piedras la indicación de lugar que representaba, el número de pasos y otras cosas semejantes. 

También la vio limpiar la gruta del Santo Sepulcro y disponerla de manera que se pudiera orar más cómodamente.

Dice que en las estaciones no había imágenes ni cruces fijas. 

Eran sencillamente piedras conmemorativas con inscripciones. 

San Juan, las santas mujeres y los fieles de la primitiva Iglesia, acompañaban en ocasiones a Nuestra Señora en ese piadoso camino.

E incluso llegaba gente desde Jerusalén y de otros lugares para recorrerlo.

Más adelante, luego de la asunción de María, todo esto fue mejor ordenado y siguió siendo frecuentado por los cristianos que se postraban y besaban la tierra.

Pero con el tiempo y las persecuciones, se lo fue comiendo el olvido.

También relata la beata Emmerich que después del tercer año de estancia en Éfeso, María tenía grandes ansias de ir a Jerusalén, y Juan y Pedro la llevaron allí. 

Parece que en ocasión de una especie de concilio de los apóstoles, donde María los asistiría con sus consejos.

Y a su llegada, por la tarde ya oscurecido, visitó el Monte de los Olivos, el Calvario, el Santo Sepulcro y todos los santos lugares de los alrededores de Jerusalén.

Estaba tan triste y conmovida que apenas podía tenerse de pie, y Pedro y Juan la tenían que llevar sosteniéndola.

Y luego, 1 año y medio antes de su asunción, volvió a Jerusalén de nuevo y visitó los santos lugares con los apóstoles, otra vez por la noche. 

Estaba indeciblemente triste y suspiraba continuamente «Oh hijo mío, hijo mío».

Bueno, hasta aquí lo que queríamos contar cómo el vía crucis fue la primera devoción cristiana que apareció y fue creada por la misma Santísima Virgen.

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