Sociedad

DEFENSA DE UNA COSTUMBRE OLVIDADA

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Viernes 16 de enero de 2026

Por Tomás I. González Pondal

Va la segunda vez que al abrir un libro antiguo comprado, encuentro en su interior una suerte de estampa en la que se encomienda el alma de un difunto. No conocía dicha costumbre, y realmente me resultó bellísima y llena de caridad.

Se ve que en el velorio se repartía a los asistentes dicha tarjeta, a los efectos de que los asistentes al servicio funerario la lleven consigo y no olviden rezar por el alma del difunto.

Hermosa manera de recordar y cumplir con la obra de misericordia espiritual que señala pedir a Dios por quienes partieron de este mundo.

Un detalle no menor: al parecer, la mencionada tarjeta repartida en los velorios, se imprimía tiempo antes de la muerte del que partiría.

Todo lo cual da a conocer la visión tan verdaderamente católica que se tenía: la gente no ocultaba al ser querido que estaba por morir, sino que se lo decía y la ayudaba en su preparación, principalmente tratando de que reciban todos los sacramentos.

Pensar que hoy muchos tienen por católico ocultar al que va a morir, que está por morir.

Hay olvidos que son enemigos, y el imperdonable olvido de las almas del purgatorio lo es en gran medida.

Resulta que solemos hacer tarjetas para las cosas que consideramos importantes en nuestra vida: para el bautismo y en recuerdo de la primera comunión; para invitar al cumpleaños y para invitar al casamiento; para invitar a que nos tengan presente profesionalmente; para la celebración de la Santa Navidad; por tanto, encuentro magnífica la costumbre de que las haya, invitando a rezar por el eterno descanso de quienes han sido llamados por Dios.

Brego por el regreso de tan católica, salutífera y misericordiosa práctica de imprimir “estampas” por nuestros seres queridos que están por morir, para que así podamos con nuestras oraciones ayudarles en el más allá.

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