MONS. FILIPPI EXPULSADO DE MÉXICO POR BENDECIR LA PRIMERA PIEDRA DEL MONUMENTO A CRISTO REY EN EL CUBILETE


Miércoles 14 de enero de 2026
El 11 de enero de 1923, Monseñor Ernesto Eugenio Filippi, delegado apostólico en México desde 1921, escribió una página decisiva en la historia de la fe en nuestro país.
Al frente de una multitudinaria procesión, ascendió al Cerro del Cubilete, en Silao, Guanajuato, y presidió la solemne ceremonia de colocación de la primera piedra del monumento a Cristo Rey.
No fue un acto simbólico cualquiera. En una nación marcada por la Constitución de 1917, de carácter abiertamente anticlerical, las manifestaciones religiosas fuera de los templos estaban prohibidas por el artículo 24.
Filippi lo sabía. Aun así, eligió no callar la fe y hacerla visible ante un Estado que pretendía relegarla al silencio.
La reacción del gobierno no se hizo esperar. Se le otorgaron apenas 72 horas para abandonar el país, y el 17 de enero fue obligado a partir, expulsado por haber dado testimonio público de Cristo Rey. Su destierro selló el precio de su valentía.
La obra que impulsó continuó por un tiempo, hasta que durante el gobierno de Plutarco Elías Calles fue suspendida, considerada un desafío directo a la autoridad civil.
En 1928, en plena Guerra Cristera, el monumento fue destruido bombardeado o dinamitado, según diversas versiones y reducido a ruinas.
Pero la piedra que Filippi colocó no fue vencida por las bombas ni por los decretos. Aquella semilla de fe esperó su hora.
En la década de los cuarenta, bajo el gobierno de Manuel Ávila Camacho, el monumento fue reconstruido y elevado nuevamente sobre el Cubilete.
