Lorenzo Garza y el color azul


Viernes 26 de diciembre de 2025
Lorenzo Garza, el ave negra de las tempestades, sufrió dos o tres cornadas grandes y graves vistiendo ternos de color azul, con bordados en oro o plata.
El toro «Chavalillo», de Torreón de Cañas, lo hirió en El Toreo de la Condesa una tarde en que estrenaba un vestido celeste y plata.
En Barcelona un toro le atravesó el muslo izquierdo vistiendo de azul y oro.
Años después compró un Cadillac azul y pocas horas después de haberlo sacado de la agencia, un cafre que manejaba un camión materialista se le fue encima y el coche del torero de Monterrey quedó convertido en chatarra.
Garza estaba convencido de que el color azul le traía muy mala suerte, y no solamente no lo vestía en su ropa de calle, sino que solía alejarse de quienes llevaban prendas de dicho color.
En la casa del maestro José Alameda se comía muy bien. Tenía una cocinera, Pilar, que guisaba de maravilla.
En una ocasión. Pilar iba a hacer un cocido madrileño. Siendo mexicana, le quedaba mucho mejor que a muchas madrileñas. Tuvieron muchisimos invitados. A los que llamó el Maestro Alameda:
- «Les hablo para hacerles saber que invité a Lorenzo Garza. A él le gusta muchísimo el cocido que prepara Pilar. No se vayan ustedes a poner nada de azul, pues Lorenzo le tiene fobia a ese color», manifestó el maestro.
En esa comida se la pasó de maravilla, El Ave Negra de las Tempestades y el maestro Alameda no paraban de hablar.
De pronto, sonó el teléfono, que estaba en una mesilla junto a la mesa del comedor.
El maestro contestó y algo le decían y él apuntaba en una libreta.
Garza estaba a su izquierda y de inmediato se dio cuenta del color de la tinta con la que Alameda apuntaba: era azul.
Al colgar, Pepe tuvo que responder una pregunta del torero norteño:
- «Oye, Pepe, ¿cómo es que escribiendo tan bien como escribes, lo haces con tinta azul?
La respuesta de Alameda fue muy elocuente, porque le contestó con otra pregunta:
«¿Te has dado cuenta, Lorenzo, que los billetes de cincuenta pesos son azules?»
Sin pensarlo un segundo, Garza respondió de manera aguda e ingeniosa:
-Mira, Pepe, el dinero, de cualquier color, quita la mala suerte».
Alameda y sus invitados se miraron con asombro rompiendo en una sonora carcajada de la que Lorenzo Garza fue cómplice.
