Deportes

Buena pregunta

Spread the love

Lunes 24 de noviembre de 2025

¿Por qué México en el beisbol acierta con ‘naturalizados’ y en el futbol hace el ridículo?

Me van a disculpar que por hoy haga una excepción y hable un poco de un deporte que no es el beisbol, pero es que hay una realidad incómoda que nadie en la Femexfut quiere aceptar: Mientras la Selección Mexicana de Beisbol se fortalece con cada naturalizado y jugador de doble nacionalidad que suma a su roster, la selección de futbol hace el ridículo cada vez que intenta algo parecido.

El contraste no solo es evidente: ¡Es escandaloso!

Dos deportes, dos filosofías de integración, y resultados diametralmente opuestos.

En el diamante, México ha sabido abrir las puertas a quienes tienen sangre tricolor, aunque no hayan nacido en el país.

Randy Arozarena —un naturalizado de manual— no solo fue el alma del equipo en el Clásico Mundial 2023, fue también su símbolo: Guantes de Oro, carisma explosivo, y un amor por el jersey nacional que muchos nacidos aquí ni entienden.

Isaac Paredes, hijo de esta tierra pero formado en la adversidad, también es parte de esa generación que ha levantado al beisbol mexicano a niveles históricos.

Alex Verdugo, Jarren Durán, Patrick Sandoval y Alek Thomas –todos hijos de mexicanos–, no importa si nacieron en California o Florida, cuando se ponen la verde, la defienden como si hubieran crecido en Culiacán, Hermosillo o Guadalajara.

Y para el próximo clásico ya se apuntan Joey Ortiz, Cody Ponce y Anthony Banda, todos ellos no nacidos en México pero con posibilidad de obtener su pasaporte de acuerdo a lo que marca la Constitución.

Y mientras en el beisbol hay entrega, resultados y conexión con el público, en el futbol hay indiferencia, apatía y fracaso.

¿Se acuerdan de Guille Franco, Matías Vuoso o incluso Gabriel Caballero? Fueron apuestas desesperadas, mal integradas, sin proceso ni química, que terminaron más como memes que como referentes.

Nadie los recuerda con cariño ni como ídolos. ¿Dónde están ahora? ¿Quién los extraña? En cambio, el “¡Viva México cabrones!” de Arozarena vive en la memoria colectiva como un grito de guerra que nos devolvió el orgullo nacional.

El problema es de fondo: El futbol mexicano se ha tragado su propio complejo de inferioridad, buscando parches extranjeros para maquillar su falta de desarrollo interno….

No hay estructura, no hay visión, y lo peor: No hay identidad. En cambio, el beisbol sí ha logrado construir una cultura que reconoce la riqueza de su diaspora.

A nadie le duele que un Alex Verdugo represente a México, porque su nivel lo respalda y su entrega lo valida.

En el futbol, parece que el pasaporte se reparte con tal de llenar huecos y cumplir cuotas.

Ahí está el caso reciente de Julián Quiñones: un gran jugador, sí, pero que apenas ha pisado la camiseta nacional y ya es tratado como el salvador. Es una apuesta sin alma, sin química, sin historia.

Y ni hablar del entorno mediático. En el beisbol, los “naturalizados” son recibidos con respeto y entusiasmo; en el futbol, se les ve como intrusos que desplazaron a los de “cuna azteca”.

¿La diferencia? En el diamante rinden. En la cancha, naufragan.

El beisbol mexicano ha entendido algo que el futbol aún no: el patriotismo no se mide por el lugar de nacimiento, sino por cómo defiendes los colores en el momento clave.

Hasta que la selección de futbol entienda eso, y deje de improvisar con pasaportes sin proyecto, seguirá viendo desde la grada cómo el Tricolor beisbolero se codea con las potencias y deja en alto un nombre que, en el fútbol soccer, se repite cada cuatro años con decepción: México.

Naturalizados, ¡Sí! pero con talento, con identidad….

¡Y con huevos!

Deja una respuesta