Religión

Prevost y sus compinches atacan la devoción mariana

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Jueves 13 de noviembre de 2025

Roberto de Mattei, reconocido historiador y figura prominente del pensamiento católico tradicional, ha publicado un artículo de denuncia en Corrispondenza Romana cuestionando la «deriva mariológica» del Vaticano. 

Su crítica se dirige específicamente hacia la nueva «nota doctrinal» del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, firmada por el cardenal Víctor Manuel Fernández y titulada Mater Populi Fidelis, presentada el 4 de noviembre en la sede de los jesuitas en Roma, deliberadamente alejada de la cobertura mediática.

El documento vaticano, según explica De Mattei en su artículo titulado «Quis ut Virgo?«, supuestamente pretende «aclarar el sentido correcto de los títulos marianos» y establecer los límites de aceptabilidad para expresiones como «Corredentora» o «Mediadora».

Sin embargo, el historiador encuentra que, bajo una apariencia de tono pastoralmente amable, el texto esconde intenciones problemáticas.

De Mattei argumenta que al despojar a la Virgen de los títulos que expresan su participación singular en la Redención, el Vaticano se alinea con la tendencia mariológica posconciliar que busca, en nombre del equilibrio, reducir lo sobrenatural a una categoría psicológica o meramente humana.

En palabras del propio De Mattei:

    «El Dicasterio de la Fe quiere despojar a María Santísima de los títulos de Corredentora y Mediadora universal de todas las gracias, reduciéndola a una mujer como las demás: ‘madre de los fieles’, ‘madre de Jesús’, ‘compañera de la Iglesia’.

Como si pudiera encerrarse a la Madre de Dios en una categoría humana, despojándola de su misterio sobrenatural».

Esta caracterización refleja la preocupación central del historiador: que la institución eclesiástica estaría limitando deliberadamente la comprensión teológica de María a dimensiones puramente humanas, negando así su naturaleza y función sobrenatural en la economía de la salvación.

Para desarrollar su argumentación, De Mattei recurre a un paralelismo histórico particularmente evocador.

Abre su reflexión evocando la ejecución de María Antonieta durante la Revolución Francesa, citando a Plinio Corrêa de Oliveira y a Edmund Burke para demostrar cómo la destrucción del orden cristiano comenzó con el odio a la realeza como símbolo de Dios.

Establece entonces una analogía provocadora: así como la revolución francesa atacó la realeza terrena, hoy se ataca a la Reina del Cielo, intentando «decapitarla» en el plano doctrinal al privarla de los títulos que expresan su dignidad suprema. 

De Mattei escribe:

    «María Antonieta representaba la realeza terrena, reflejo de la divina, pero su trono se derrumbó bajo la furia revolucionaria. María Santísima, en cambio, es Reina universal no por derecho humano, sino por gracia divina: su trono está en el corazón de Dios».

El historiador refuerza su posición apelando a la tradición teológica católica más profunda. 

Recurre a san Luis María Grignion de Montfort y a san Bernardino de Siena para recordar un principio fundamental de la mariología clásica: toda gracia procede de Dios a Cristo, de Cristo a la Virgen y de la Virgen a los hombres.

Según esta comprensión tradicional, María no compite con su Hijo, sino que coopera instrumentalmente en la obra de la salvación, siendo precisamente Corredentora y Mediadora de todas las gracias.

Esta función mediadora, lejos de disminuir la gloria de Cristo, la amplifica y la distribuye entre los fieles a través de la intercesión mariana.

De Mattei ve en la nota doctrinal del Dicasterio un alejamiento de esta comprensión clásica, lo que equivale a un empobrecimiento teológico.

La crítica de De Mattei no se limita al análisis académico, sino que adquiere dimensiones pastorales y espirituales.

El documento vaticano representa una prueba para los fieles católicos, pero también, paradójicamente, un instrumento providencial.

Según su perspectiva, cuando se intenta oscurecer la luz de la verdad, el error termina confirmando la grandeza de aquello que pretendía negar. 

De Mattei escribe: «Como ocurre siempre en la historia, cuando se intenta oscurecer la luz, el error termina confirmando la grandeza de la verdad que quería negar».

El artículo concluye con un tono tanto combativo como esperanzador al mismo tiempo. 

De Mattei convoca a un «pequeño ejército de sacerdotes y laicos» dispuestos a blandir «la espada de la Verdad» para proclamar los privilegios de María y exclamar con valentía la pregunta que da título a su reflexión: «¿Quién como la Virgen?» —Quis ut Virgo?

Esta invocación, tomada de la tradición litúrgica y teológica católica, representa para el historiador la respuesta definitiva a la actual erosión doctrinal.

La frase evoca la incomparabilidad de María, su singularidad absoluta entre todas las criaturas, su posición única en el plan divino de salvación.

La denuncia de De Mattei se inscribe en un debate más amplio dentro de la Iglesia católica contemporánea sobre la interpretación correcta del Concilio Vaticano II y sus consecuencias para la mariología.

Mientras algunos teólogos insisten en que la nota del Dicasterio destaca un supuesto y necesario equilibrio que evita exageraciones devocionales, De Mattei y otros pensadores más respetuosos de la Tradición la interpretan como un minimalismo teológico que empobrece la comprensión de la fe.

Esta tensión refleja divisiones más profundas en la Iglesia, que suelen partir de premisas “pastorales”, como sobre cómo la Iglesia debe presentar su doctrina en el mundo contemporáneo: si mediante una reafirmación de los misterios sobrenaturales en toda su profundidad, o mediante una recontextualización que los haga más accesibles a la mentalidad moderna; pero que, inexorablemente, acaban devaluando la Liturgia, que es la misma Acción Sacramental y, en consecuencia, el lugar del encuentro con ese Dios cercano, pero nunca trivial.

La publicación de este artículo en Corrispondenza Romana, medio cercano a posiciones católicas tradicionales, amplifica una voz crítica que cuestiona las orientaciones doctrinales del actual liderazgo vaticano.

De Mattei, como historiador de la Iglesia, aporta perspectiva histórica a su análisis, sugiriendo que la tendencia que denuncia no es nueva sino parte de un proceso de larga duración iniciado después del Concilio Vaticano II.

Su llamado a la resistencia doctrinal mediante la proclamación de la verdad sobre María representa una posición que, aunque minoritaria en los círculos oficiales vaticanos, mantiene presencia significativa en sectores del catolicismo tradicional y conservador.

La Iglesia católica, en su enseñanza magisterial, reconoce a María como Corredentora en el sentido de que cooperó de manera singular en la obra de la redención, particularmente a través de su consentimiento a la encarnación y su presencia en el Calvario.

Sin embargo, el Magisterio ha sido cauteloso en el uso de este título, enfatizando que la redención es obra única de Cristo y que la cooperación de María es subordinada y dependiente de la gracia de su Hijo.

Respecto a María como Mediadora de todas las gracias, la doctrina oficial sostiene que ella intercede por los fieles ante Dios, pero siempre en dependencia de Cristo, quien es el único Mediador entre Dios y los hombres según la enseñanza paulina.

El Concilio Vaticano II, en la constitución Lumen Gentium, presentó una mariología que buscaba equilibrar la devoción mariana con la centralidad cristológica, evitando tanto el minimalismo como las exageraciones devocionales.

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