Pablo Larios, el arquero que volaba sin miedo


Miércoles 23 de julio de 2024
Se llamaba Pablo Larios Iwasaki, era descendiente de japoneses.
El ex portero nació en Zacatepec el 31 de julio de 1960, justo frente al estadio Agustín ‘Coruco’ Díaz, casa de los Cañeros.
Aquella sonrisa, aquel bigote inolvidable y aquellos lances espectaculares que empezaron en la década de los 80 y terminaron en los 90, se hicieron inolvidables para los aficionados al fútbol.
Pablo Larios comenzó su carrera profesional con los Cañeros de Zacatepec en 1980 y permaneció en el equipo hasta 1984, ganándose rápidamente el cariño de la afición gracias a su carisma y atajadas espectaculares.
Sin embargo, su verdadera consagración llegó cuando fichó con Cruz Azul en 1984.
Con los cementeros se convirtió en figura clave y pieza fundamental para alcanzar la final del torneo 1986-87, que disputaron ante las Chivas de Guadalajara, aunque terminaron perdiendo el título.
Su estilo de juego fue revolucionario para la época: irreverente, arriesgado, siempre dispuesto a lanzarse con valentía a los pies del delantero o a volar por el balón en el área.
Era un arquero sin mesura, capaz de convertir cada atajada en espectáculo. Por ello, en las ‘cascaritas’ de barrio, todos los niños querían ser Pablo Larios.
Su forma de jugar incluso lo convirtió, para muchos, en un precursor del estilo que años más tarde haría famoso a Jorge Campos.
Larios también disputó otra final con Cruz Azul, esta vez contra el América en 1989.
En ese partido cometió un error crucial que terminó por marcar su salida del club.
Aun así, su calidad lo mantuvo vigente: en 1990 firmó con el Puebla, donde al fin pudo coronarse campeón al vencer a los Leones Negros de la UdeG en la final de la temporada 1989-1990.
En 1994 dejó al equipo de la Franja para unirse a los Toros Neza, un club que se convirtió en uno de los más pintorescos y recordados del fútbol mexicano por su estilo irreverente y su identidad única.
Con los Toros llegó a una nueva final en el Verano de 1997 frente a Chivas, pero fueron derrotados contundentemente 6-1 en el partido de vuelta, quedándose una vez más a las puertas de la gloria.
Ese mismo año tuvo un breve regreso a Zacatepec y, finalmente, colgó los guantes en 1998, nuevamente con Toros Neza.
Después de su retiro, Larios enfrentó momentos difíciles. Problemas de adicciones deterioraron su salud y fue sometido a varias operaciones, especialmente en la nariz.
Aun así, nunca se alejó del todo del fútbol: en sus últimos años participaba en partidos con leyendas del Cruz Azul y de la Selección Mexicana.
Pablo Larios Iwasaki fue también el portero titular de México en el Mundial de 1986, disputado en casa, donde tuvo actuaciones destacadas.
Lamentablemente, se perdió el Mundial de 1990, justo cuando atravesaba el mejor momento de su carrera, debido a la sanción impuesta a México por el escándalo de los “cachirules”.
Pablo Larios Iwasaki perdió la batalla contra una enfermedad que inició con un infarto intestinal y concluyó con uno al miocardio.
Falleció el 31 de enero de 2019.
