El juego de estrellas es una farsa


Miércoles 25 de junio de 2025
Por Fernando Ballesteros
¡El Juego de Estrellas es una farsa! Y ya es hora de decirlo sin miedo….
El All-Star de MLB se ha convertido en un desfile de nombres populares, no de jugadores que realmente están rindiendo.
Es una premiación a los seguidores de Instagram, al apellido heredado, al «me cae bien» del público… no al talento ni al momento.
¿La prueba? Veamos lo que está ocurriendo en 2025: Jonathan Aranda está teniendo una temporada brutal con los Rays —bateando .325, con un OPS cercano a .900 y produciendo consistentemente en un equipo competitivo— y aún así, no aparece en la conversación para ser titular. ¿Por qué? Porque no es famoso. Porque no tiene una narrativa sexy. Porque no nació con el apellido Guerrero.
Mientras tanto, Vladimir Guerrero Jr., con una temporada decente, apenas por encima de .260 de promedio y números lejos de lo que se espera de una “estrella”, va camino a entrar como si fuera 2019. ¿Mérito? Ninguno. ¿Votos? Todos. Porque ser el hijo de una leyenda y tener buena prensa pesa más que poner números cada noche.
Y lo de Ronald Acuña Jr. raya en lo ridículo. Es un fenómeno, sí. Pero este año apenas ha jugado un mes y ya se le está colocando como All-Star porque… bueno, porque se llama Ronald Acuña Jr.
¿En serio? ¿Un mes basta para ir al Juego de Estrellas mientras otros que llevan medio calendario produciendo se quedan fuera?
El All-Star ha dejado de premiar el rendimiento actual. Es un reality show donde importa más quién tiene los tenis más virales o el swing más compartido en redes que quién realmente está ayudando a ganar juegos.
Esto no es nuevo. Pasa todos los años. En 2017, Anthony Rendon en uno de sus pocos años buenos lideraba la Nacional en WAR y ni siquiera fue seleccionado. En 2012, Ryan Vogelsong tenía la mejor efectividad de la liga cuando se anunciaron los rosters… y fue ignorado. ¿Y qué decir del año en que Chipper Jones, en plena campaña de MVP, no fue elegido al All-Star? Un insulto absoluto al béisbol y a cualquiera que preste atención más allá de los highlights.
El Juego de Estrellas necesita una reestructuración urgente. Si vamos a seguir fingiendo que esto es una celebración de los mejores jugadores de la temporada, entonces dejemos de permitir que la popularidad decida.
El fan debe opinar, sí, pero el peso real lo tienen que tener los números, los técnicos y los hechos. Porque hoy, ser All-Star no significa que seas el mejor. Significa que eres el más famoso. Y eso, en un deporte que se construye sobre estadísticas y rendimiento, es una burla.
Si esto sigue así, el All-Star se va a convertir en una pasarela de influencers con guante. Y los verdaderos protagonistas, los que se rompen el lomo cada noche, seguirán viéndolo desde el sofá.
¿Hasta cuándo vamos a aguantar esta farsa?
