Espectáculos

La tentación encarnada

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Martes 3 de noviembre de 2026

Silvia Pinal interpretó al diablo y convirtió la tentación en uno de los personajes más singulares de su carrera.

Ocurrió en Simón del desierto, la película de 1965 dirigida por Luis Buñuel, donde la actriz puso a prueba la fe de un hombre que buscaba acercarse a Dios viviendo sobre una columna.

Fue su tercera y última colaboración con el cineasta, después de Viridiana y El ángel exterminador.

La historia está inspirada en Simeón el Estilita, un asceta cristiano conocido por practicar esa forma extrema de penitencia.

En la película, Claudio Brook interpreta a Simón, quien lleva años apartado de las comodidades y dedicado a la oración.

Pero ni siquiera en lo alto de su columna consigue escapar de las tentaciones: el diablo aparece una y otra vez, dispuesto a quebrar su voluntad.

Pinal encarnó a un demonio que cambiaba de apariencia y de estrategia. Podía presentarse con una actitud aparentemente inocente, recurrir a la seducción o adoptar una imagen religiosa para confundir al penitente.

La propia actriz recordó que tuvo que aparecer con barba, cabello rizado y vestuario de inspiración clásica, además de cantar en latín.

El reto consistía en encontrar la intención que Buñuel buscaba en cada transformación.

Una de las escenas más recordadas fue aquella en la que descubre sus senos para tentar a Simón.

Años después, Silvia explicó que filmarla no le resultó incómodo porque confiaba en el director y entendía su función dentro de la historia.

Describía a Buñuel como un hombre respetuoso y consideraba que aquellas imágenes respondían a las necesidades del personaje.

Sobre su interpretación declaró: “Fue un personaje precioso, aunque muy difícil”.

La película combina humor negro, situaciones absurdas y preguntas sobre la fe, el deseo y las contradicciones humanas.

Como señala la Filmoteca de la UNAM, pertenece a la línea de sátira teológica que Buñuel había desarrollado en otras obras.

En ese universo, el personaje de Pinal introduce movimiento, provocación y desconcierto frente a la rígida disciplina del protagonista.

Con una duración de aproximadamente 45 minutos, Simón del desierto demostró que una película breve podía tener una enorme fuerza cinematográfica.

En el Festival de Venecia de 1965 recibió el Premio Especial del Jurado y el reconocimiento de la crítica internacional, FIPRESCI.

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