A propósito del Día de Muertos


Domingo 25 de octubre de 2026
«Creo en la resurrección de la carne y la vida eterna». Así confesamos nuestra fe en el Credo, aguardando el cumplimiento de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Muchos adornamos las tumbas de nuestros difuntos, ponemos flores sobre sus sepulcros y procuramos honrar sus restos mortales con la debida reverencia. Algunos preguntan qué sentido tiene hacerlo, si allí no quedan sino huesos y polvo.
Mas esos huesos son los restos de quienes fueron hechos a imagen y semejanza de Dios, y no hemos de tener por despreciable aquello que un día fue templo del Espíritu Santo y que esperamos resucite por el poder de Dios.
Nuestro Señor Jesucristo resucitó glorioso de entre los muertos, y en Él ponemos nuestra esperanza de que también nuestros cuerpos resucitarán al fin de los tiempos.
No adornamos las tumbas porque ignoremos la corrupción del sepulcro, sino porque creemos en la resurrección de la carne.
Las flores que depositamos sobre ellas son testimonio de nuestro amor, memoria de nuestros difuntos y expresión de aquella esperanza que no se extingue ante la muerte.
Yo mismo, queriendo hacer de catequista, solía decir que de nada sirve adornar una tumba si no se reza por el difunto. Y tal recomendación no es desacertada, sino que permanece vigente, pues ningún ornamento puede sustituir la oración ni los sufragios que debemos ofrecer por nuestros difuntos.
Sin embargo, he comprendido que es más probable que rece por sus muertos quien guarda tales consideraciones y procura honrar piadosamente sus sepulcros, a alguien que no lo hace, porque tal es el actuar de las almas piadosas, que no tienen problemas en materializar esa piedad.
No juzguemos, pues, inútil esta muestra de piedad, que puede nacer del mismo amor que nos mueve a rogar por el eterno descanso de sus almas.
Para quien cree en Cristo, el sepulcro no es el término definitivo de la vida humana, sino el lugar donde reposa el cuerpo mortal, aguardando el día en que la omnipotencia divina lo llame nuevamente a la vida.
