Sociedad

El origen de la famosa porra

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Miércoles 21 de octubre de 2026

¿Alguna vez te has preguntado qué significa realmente “A la bio, a la bao, a la bim, bom, bá”?

Es una de las porras más conocidas de México. La hemos escuchado en estadios, escuelas, fiestas, cumpleaños y prácticamente en cualquier lugar donde haya que echarle ánimo a alguien. Pero su origen no está del todo claro.

Una de las explicaciones más difundidas sostiene que la expresión tiene raíces árabes e hispanoárabes y que llegó a nuestra cultura a través de España.

Durante mucho tiempo se ha interpretado “Alá bio” como “Dios mío”, “Alá bao” como “Dios querido” y “Alá bim” como “Dios piadoso”. Sin embargo, la Academia Mexicana de la Lengua señala que esta explicación no está comprobada.

El lingüista Federico Corriente propuso otra posibilidad mucho más interesante: que la expresión provenga de antiguos cánticos o juegos infantiles del árabe hispánico o andalusí, relacionados con una llamada a los jugadores.

Es decir, no sabemos con certeza que “Alabío, alabao” signifique “Dios mío, Dios querido”, como se repite con frecuencia en internet.

Lo que sí existen son investigaciones lingüísticas que apuntan hacia una posible raíz árabe que pasó por la península ibérica y fue transformándose con el tiempo; y cuando llegó a México, la expresión siguió cambiando.

Aquí entraron elementos que ya forman parte de nuestra cultura popular, como el famoso “chiquitibum”, los “rá, rá, rá” y el “bom, bá”.

Con el tiempo, estas expresiones terminaron incorporándose a las porras deportivas y adquirieron las formas que conocemos actualmente.

De hecho, para las primeras décadas del siglo XX ya encontramos registrada en el fútbol de la Ciudad de México una versión muy parecida: “Alabibo alabao a la bim bom bam”.

Los aficionados del España y del Asturias la utilizaban en sus partidos, mientras que los seguidores del América gritaban otra variante, “Chiquitibum a la bim bom bam”.

Así que aquella porra que hoy parece tan mexicana tiene una historia mucho más larga y complicada. No fue inventada de un día para otro, ni podemos atribuirla con certeza a una sola persona.

Lo que comenzó como una expresión cuyo origen se pierde entre lenguas, juegos y tradiciones populares, terminó convirtiéndose en uno de los gritos más reconocibles de México.

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