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EL QUE AVISA NO ES TRAIDOR

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Miércoles 21 de octubre de 2026

Joel Huiqui dejó un mensaje contundente el sábado pasado: en Cruz Azul, el nombre, el sueldo y el cartel no pueden pesar más que el rendimiento.

Aquí no basta con cobrar como figura ni con llegar recomendado por alguien. Si no estás a la altura de un equipo Campeón, tu lugar en el once inicial no está garantizado. Se gana en la cancha, con hechos, no con el currículum.

Ante Bravos vimos movimientos que no pasaron desapercibidos. Algunos obligados por cuestiones físicas y otros por decisión técnica.

El primero, en la portería: Andrés por Kevin. Habrá quien lo interprete como un simple descanso para el dorsal 23, pero también puede leerse como una advertencia para todo el vestidor: nadie tiene el puesto comprado y nadie puede sentirse intocable.

Después vendrán las versiones, las explicaciones y quizá los argumentos sobre posibles molestias de Mier, Márquez o Ibáñez.

Pero, más allá de lo que se diga, hay algo que durante años hemos exigido: que jueguen los mejores, no los más caros; los que están en mejor forma, no los consentidos; los que responden en la cancha, no aquellos que parecen tener su lugar asegurado por su nombre, su contrato o la confianza del técnico.

¿Y qué esperamos de quienes reciben la oportunidad? Que no la desperdicien. Que se partan el alma por estos colores, que se entreguen al 200 por ciento y que justifiquen cada minuto que pasan en la cancha.

Porque vestir esta camiseta no es un privilegio que se pueda tomar a la ligera. La camiseta de Cruz Azul pesa más que un bulto de cemento, y quien no esté dispuesto a cargar con esa responsabilidad quizá debería preguntarse si realmente está preparado para defenderla.

Por supuesto, el fútbol no garantiza victorias. Se puede jugar bien y perder, cometer errores y quedarse sin puntos.

Pero hay una diferencia enorme entre equivocarse intentándolo todo y caminar por la cancha como si la responsabilidad fuera de alguien más.

A esta afición se le pueden escapar los resultados, pero lo que no se le puede exigir es que aplauda la apatía, la conformidad o la falta de compromiso.

Huiqui ya lo había advertido en la conferencia posterior al partido contra Pumas y el sábado volvió a dejarlo claro con sus decisiones.

Ahora falta que el mensaje se traduzca en una exigencia constante, que no sea flor de un día y que alcance a todos, sin importar jerarquías ni apellidos.

En Cruz Azul, primero está el escudo. Después, todos los demás. Porque nadie es más grande que la institución y porque, cuando se trata de defender estos colores, las advertencias no deberían sorprender a nadie.

El que avisa, no es traidor.

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