Planos confundidos


Jueves 1 de octubre de 2026
Hay una vieja historia que seguramente has escuchado alguna vez: que los planos destinados al Palacio de Gobierno de México y los de una cárcel que debía construirse en Lima, Perú, se confundieron durante su envío desde España.
Según esta versión, México habría recibido por error los planos de una prisión y Lima los de un palacio.
La historia incluso intenta explicar la apariencia del Palacio Nacional: sus muros gruesos, sus fachadas sobrias y ese aspecto casi fortificado que tuvo durante buena parte de su historia.
Pero hay un problema: no encontramos documentación histórica que demuestre que ese intercambio de planos haya ocurrido.
La historia forma parte de la tradición que se ha contado sobre el edificio, pero no podemos presentarla como un hecho comprobado.
Lo que sí está documentado es que el actual Palacio Nacional tiene una historia mucho más compleja.
Sus orígenes se remontan a las Casas Nuevas de Moctezuma, sobre cuyos restos Hernán Cortés dispuso la construcción de un nuevo inmueble después de la conquista.
Décadas después, la Corona adquirió el edificio y comenzó su transformación en sede del gobierno virreinal.
Y aquí aparece un dato real que probablemente ayudó a alimentar la leyenda: el Palacio sí tuvo una cárcel.
Era la llamada Cárcel de Corte, vinculada a la Real Audiencia. Ahí permanecían personas detenidas mientras enfrentaban procesos judiciales o cumplían sus condenas.
La prisión ocupaba parte del ala norte del Palacio y contaba con calabozos, galeras, enfermería y espacios separados para hombres y mujeres.
La cárcel tuvo una historia bastante accidentada. En 1692, durante el gran motín que incendió el Palacio, también resultó afectada y tuvo que funcionar temporalmente en las casas del Marqués del Valle, donde hoy se encuentra el Nacional Monte de Piedad. Después de la reconstrucción del Palacio, volvió a integrarse al complejo.
Y no desapareció entonces: la Cárcel de Palacio continuó funcionando hasta 1831, cuando fue trasladada al edificio de la antigua Acordada.
Así que tenemos dos historias distintas que con el tiempo pudieron terminar mezclándose: la leyenda de unos planos supuestamente intercambiados y la existencia real de una cárcel dentro del Palacio.
Los documentos nos permiten confirmar la segunda, pero no la primera.
Y quizá ahí está lo más interesante: a veces una ciudad conserva una leyenda porque intenta explicar algo que sí ocurrió, aunque la explicación que sobrevivió con el tiempo no sea exactamente la verdadera.
