Historia

Los Topos, nacidos de los escombros

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Lunes 21 de septiembre de 2026

El 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 de la mañana, un sismo de magnitud 8.1 cambió para siempre la historia de la Ciudad de México.

Edificios colapsaron, otros quedaron gravemente dañados y miles de personas quedaron atrapadas.

Pero entre aquella tragedia también surgió una de las historias de solidaridad más importantes de México: los Topos.

Entre los ciudadanos que comenzaron a entrar a los edificios derrumbados estaba Héctor Rafael Méndez Rosales, “El Chino”, quien se internó entre los escombros de Tlatelolco buscando a su hermano.

Lo encontró con vida y, en lugar de retirarse, decidió quedarse para ayudar a otras personas atrapadas.

Con el paso de las horas, más voluntarios comenzaron a organizarse y a entrar por pequeños huecos y espacios reducidos para buscar sobrevivientes.

De ahí surgió el nombre con el que terminarían siendo conocidos: los Topos.

Aquellos voluntarios no comenzaron como un equipo profesional de rescate. Aprendieron en medio de la emergencia.

Después, esa experiencia se convirtió en capacitación, organización y una vocación que continúa hasta nuestros días.

En febrero de 1986 quedó constituida formalmente la Brigada de Rescate Topos Tlaltelolco A.C. y, con el tiempo, surgieron distintas organizaciones independientes, entre ellas Topos Azteca, fundada por Héctor Méndez. Y su historia no se quedó en México.

Con las décadas, distintas brigadas de Topos han participado en emergencias dentro y fuera del país.

Haití, Indonesia, Irán, Nepal, Turquía, Colombia y Venezuela, entre otros lugares, forman parte de la historia internacional de estas organizaciones mexicanas de rescate.

En 2026, por ejemplo, Topos Azteca participó en labores de búsqueda y rescate después de los terremotos de Venezuela y posteriormente en Colombia, llevando nuevamente al extranjero aquella experiencia que comenzó entre los escombros de la Ciudad de México.

También estuvieron presentes en México después del sismo del 19 de septiembre de 2017, cuando nuevamente la ciudad volvió a necesitar equipos capaces de trabajar entre estructuras colapsadas.

Pero los sismos de 1985 y 2017 dejaron mucho más que edificios dañados. Cambiaron normas de construcción, fortalecieron la protección civil, impulsaron nuevos estudios sobre los terremotos y transformaron la manera en que los mexicanos entendemos la prevención y la respuesta ante una emergencia.

Por eso, cuando pensamos en el 19 de septiembre, no solamente debemos recordar los edificios que se perdieron en 1985 y 2017.

También podemos recordar lo que nació de aquella experiencia: una generación de rescatistas voluntarios, una cultura de preparación y una organización que llevó una parte de la solidaridad mexicana a otros lugares del mundo.

Los Topos nacieron entre los escombros de México en 1985. Más de cuatro décadas después, siguen entrando donde otros no pueden para buscar y rescatar vidas.

Y quizá ése sea uno de los legados más importantes de aquel 19 de septiembre: México no solamente aprendió a prepararse para los terremotos; también aprendió que, en medio de una tragedia, la gente puede organizarse para salvar a los demás.

19 de septiembre. Una fecha que México recuerda, pero también una historia que México convirtió en solidaridad.

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