Reflexiones postfestejo

Este cumpleaños me ha dejado un par de enseñanzas sumamente valiosas:
La primera es que en las redes sociales, solo son amigos aquellos a quienes se conoce de vista, trato y comunicación.
Los amigos virtuales generalmente no son reales, máxime cuando hoy día la costumbre es almacenar contactos, como si se tratara de cualquier tipo de mercancía.
Es penoso advertir que la persona que te agrega como contacto en redes sociales, por lo común ni siquiera es capaz de responderte el saludo y no tiene la más remota idea de quien eres y cuales son tus circunstancias de vida.
De tal suerte, las redes sociales, como bien decía Umberto Eco, son tribuna de imbéciles y cajas de resonancia de chismes y frustraciones individuales, que no suelen tener utilidad edificante alguna.
Deduzco lo anterior, toda vez que de casi cinco mil contactos de Facebook, menos de 200 personas se avinieron a felicitarme. Es evidente que el resto no tiene ni la más peregrina noción del manual de Carreño.
La segunda es que los políticos no tienen amigos, sino intereses. Colijo esto merced a la ausencia absoluta de felicitaciones provenientes de funcionarios públicos, de cualquier nivel de gobierno, situación que nunca pensé sucediera merced al giro de actividad al que me dedico.
Ingenuamente discurrí que al menos por conveniencia alguno se manifestaría o se haría notar, pero no sucedió así.
Quizá ello se deba a que los políticos no buscan amigos, sino cortesanos, habida cuenta que están invariablemente ávidos de elogios, toda vez que lo que buscan no es conocer la realidad o el punto de vista ajeno, simplemente están en pos de validación a toda costa y como a mi no se me da eso de dispensar elogios con liberalidad de millonario, pues no es mi presencia algo que les atraiga.
Descubrí que entre ellos no hay afecto, ni aprecio, ni consideración, ni amistad y que el trato debe reducirse a los protocolos de urbanidad establecidos para el ámbito de naturaleza comercial.
Nada de lo referido anteriormente es nuevo, pero contra toda esperanza existimos aún sobre la faz de la tierra, soñadores que nos obstinamos contra viento y marea, en creer a toda costa, en los finales felices y los amores eternos.
De cualquier manera, reciban esos menos de doscientos modelos de cortesía, mi agradecimiento por su gentileza y la seguridad invariable de mi estima y consideración y a los infidentes agradezco recordarme con su desidia, desinterés y olvido, lo certero de las palabras del inolvidable Tlacuache Garizurieta: en política los amigos son de mentiras, pero los enemigos son de verdad.
Muchas gracias por la lección brindada y prometo que esta vez si me la aprenderé, sin excusas ni pretextos.
Seguimos pendientes…

