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Lá Máquina gana el campeón de campeones por cuarta vez

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Domingo 26 de julio de 2026

Este Cruz Azul ya no sólo gana, sino que devora partidos. En el Dignity Heatth Sports Park de California, a donde más de 25 mil personas colmaron las gradas con mayoría de camisetas celestes, el campeón del futbol mexicano levantó su cuarto trofeo del Campeón de Campeones.

Fue un 3-1 inapelable frente al Toluca de Antonio Mohamed, un equipo que compitió con los dientes apretados hasta la última línea del juego, pero que terminó arrollado por un plantel ganador que hoy comanda Joel Huiqui.

Diez encuentros le han bastado a Huiqui al frente del banquillo para tocar dos veces la gloria -título de Liga incluido- sin conocer la derrota.

Ocho victorias y dos empates, un récord inédito para un entrenador inexperto en el circuito profesional.

Los Diablos Rojos se lanzaron al cuello del campeón desde el primer silbatazo, buscando el atajo que desarmara a un rival cuyo nivel colectivo ha rozado la perfección.

Díaz-Price se inventó un sombrerito sutil sobre el colombiano Willer Ditta, cuya sola presencia suele disolver cualquier destello artístico, pero su remate se fue desviado.

Alexis Vega insistió por la misma cornisa: un derechazo cruzado al segundo poste que obligó a Kevin Mier a estirar los brazos en una estirada felina.

Eran los avisos de un Toluca que amenazaba con romper el tablero.

Pero Cruz Azul compite con otro pulso. A la media hora de juego, José Paradela caminó por el centro del campo como en el patio de su casa.

Carlos Rodríguez esperó el espacio, leyó el movimiento del argentino y entregó el tiempo exacto para dejarlo solo frente a Luis García.

Paradela definió con un toque suave, preciso, pegado al poste derecho. El 1-0 era la prueba de que la paciencia, a veces, es otra forma de atacar.

Toluca no bajó los brazos. Alexis Vega, convertido en el motor anímico de los suyos, probó de nuevo sin éxito antes de encontrar el hueco.

A los 45+3, con una barrera mal armada que dejó un resquicio, Vega cobró un tiro libre que emparejó las cosas, justo después de que el uruguayo Gabriel Toro Fernández había dilapidado un mano a mano frente a García.

El complemento tuvo un solo dueño. Por ambición, por temple y una jerarquía forjada en el fuego lento de los últimos cinco años, Cruz Azul desarticuló al Toluca a través de la pelota.

El 2-1 fue una obra colectiva que nació en los botines de Kevin Mier y pasó por los pies de Gonzalo Piovi, Erik Lira, Jesús Orozco Chiquete, Jéremy Márquez, Rodríguez y Paradela.

Ocho pases exactos, una secuencia ininterrumpida que terminó con una pared genial entre el capitán mexicano y el volante argentino, quien devolvió el esférico para que Rodríguez definiera ante la salida de García (54).

El golpe definitivo llegó apenas siete minutos después. Paradela tomó un tiro libre en los linderos del área y mandó la pelota directo al poste del arquero, inalcanzable para cualquier zaguero escarlata (61).

Las pausas para la hidratación pasaron como destellos tácticos mientras el partido agonizaba entre el desgaste y la desesperación.

Rotondi cayó lesionado del muslo izquierdo, víctima del esfuerzo extremo. Mohamed gastó sus cartuchos mandando a la cancha a Víctor Guzmán y Helinho por Vega y Angulo, pero la defensa celeste se plantó como un muro infranqueable.

Al final, el silbatazo confirmó lo inevitable: Cruz Azul levantó el segundo trofeo sucesivo de su era dorada, escribiendo una página más en una historia que, por ahora, se niega a encontrar un techo.

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