Espectáculos

Anécdota cinematográfica

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Viernes 17 de julio de 2026

El esqueleto que aparece en una de las escenas más famosas de El bueno, el malo y el feo no fue fabricado para la película: perteneció realmente a una mujer que había sido actriz.

En 1966, Sergio Leone rodaba en España la secuencia final de su célebre wéstern. Para representar el cementerio de Sad Hill, el equipo construyó cerca de Burgos un enorme escenario circular con miles de tumbas falsas.

Allí, Tuco, interpretado por Eli Wallach, busca desesperadamente la sepultura donde cree que está escondida una fortuna en oro.

Al abrir una tumba equivocada, encuentra un ataúd ocupado por un esqueleto.

Leone era conocido por cuidar hasta los detalles más pequeños y no quería utilizar huesos de plástico.

Según recordó años después Carlo Leva, miembro del equipo de escenografía, el director exigió que dentro del ataúd hubiera un esqueleto humano auténtico.

El problema era conseguirlo rápidamente y trasladarlo hasta un rodaje en medio del campo español.

Después de varias llamadas, un técnico les habló de un hombre en Madrid que conservaba el esqueleto de su hermana, una actriz fallecida.

De acuerdo con el relato de Leva, la mujer había deseado que sus restos pudieran continuar apareciendo en películas después de su muerte.

El equipo recorrió cientos de kilómetros para recoger los huesos y llevarlos hasta Sad Hill antes de que comenzara la filmación.

A la mañana siguiente, las cámaras estaban preparadas. Tuco abrió la tumba, retiró la tapa y el rostro de aquella actriz apareció una vez más ante el público, aunque ya nadie conociera su nombre.

La toma salió bien al primer intento y terminó formando parte de una de las películas más recordadas de la historia del cine.

La identidad de la mujer nunca fue documentada públicamente y tampoco existen pruebas sólidas de que hubiera fallecido poco antes del rodaje.

Lo que sí permanece es el testimonio de Carlo Leva: detrás del esqueleto no había un objeto de utilería, sino una antigua actriz cuyo último papel llegó después de su muerte.

En una película obsesionada con tumbas, fortunas y hombres que se niegan a morir, la aparición más inesperada perteneció a alguien que encontró una forma literal de continuar actuando.

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