San Andrés Wouters, el sacerdote pecador que murió antes que negar a Cristo


Todos conocían sus escándalos. Había sido suspendido de sus funciones sacerdotales, se hablaba de su afición a la bebida, de sus relaciones con mujeres e incluso de los hijos que había engendrado.
Nadie imaginaba que aquel sacerdote, de vida tan desordenada, terminaría dando uno de los testimonios de fe más impresionantes de la historia de la Iglesia.
Cuando los perseguidores protestantes calvinistas lo insultaban recordándole su pasado, él no intentaba justificarse. Sabía que era pecador. Pero también sabía que había una verdad que jamás traicionaría.
Frente a la horca pronunció una frase que ha quedado grabada para siempre:
«Siempre fui fornicario; jamás hereje».
Andrés Wouters nació hacia 1542 en Heinenoord, en los actuales Países Bajos.
Fue ordenado sacerdote y ejerció como párroco en la región de Gorkum (Gorinchem).
Sin embargo, su ministerio quedó marcado por graves faltas morales que eran conocidas públicamente.
Su conducta le costó la suspensión de sus funciones sacerdotales.
Muchos habrían pensado que su historia terminaría allí. Pero Dios tenía preparada para él una última oportunidad de dar testimonio.
Una decisión inesperada
En 1572, durante las Guerras de Religión en los Países Bajos, los llamados Mendigos del Mar, de tendencia protestante calvinista, tomaron Gorkum y capturaron a sacerdotes y religiosos católicos.
Algunas crónicas afirman que Andrés fue arrestado junto con ellos. Otras sostienen que pudo haberse unido voluntariamente a sus hermanos sacerdotes, sabiendo perfectamente que los esperaba la tortura y probablemente la muerte.
Nunca sabremos qué pasó por su corazón. Quizá vio en ese momento la ocasión de reparar una vida llena de errores. Quizá simplemente comprendió que había llegado la hora de permanecer fiel a Cristo.
«Todos conocían sus pecados»
Durante varias semanas sufrió un cautiverio cruel. Cada día era golpeado, humillado y ridiculizado.
Los carceleros no solo lo torturaban físicamente: se burlaban constantemente de sus escándalos y de su mala fama como sacerdote, convencidos de que un hombre con semejante pasado terminaría renegando de la fe para salvar la vida.
Pero ocurrió exactamente lo contrario.
Aquel sacerdote, que había sido débil frente al pecado, se mostró inquebrantable cuando quisieron arrancarle la fe.
La última oportunidad
El príncipe protestante Guillermo de Orange, conocido como Guillermo el Silencioso, envió una orden para que los sacerdotes fueran liberados.
Sin embargo, el comandante de los rebeldes desobedeció y decidió ejecutar a todos los prisioneros que se negaran a rechazar la autoridad del Papa y la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía.
El 9 de julio de 1572, mientras le colocaban la soga al cuello, Andrés recibió una última oportunidad para salvar su vida.
Solo debía renunciar a esas verdades de la fe católica.
Su respuesta fue inmediata:
«Siempre fui fornicario; jamás hereje».
Segundos después fue ahorcado, junto con otros 18 sacerdotes y religiosos, en un granero de Brielle. Desde entonces son conocidos como los Mártires de Gorkum.
De pecador público a santo
La Iglesia nunca ocultó los pecados de Andrés Wouters. Tampoco los justificó.
Lo que canonizó fue su fidelidad heroica en la hora suprema. Porque la santidad no consiste en no haber caído nunca, sino en permanecer fiel a Cristo hasta el final.
Fue canonizado por el papa Pío IX el 29 de junio de 1867, junto con los demás Mártires de Gorkum.
La vida de San Andrés Wouters recuerda una gran esperanza para todos los cristianos: el pasado no tiene la última palabra cuando un corazón permanece unido a Cristo.
San Andrés Wouters, ruega por nosotros, para que nunca neguemos la fe y jamás desesperemos de la misericordia de Dios.

