Box y reflectores

Sábado 11 de julio de 2026

Mientras José «Pipino» Cuevas dominaba el boxeo mundial y hacía historia como el primer deportista mexicano en cobrar un millón de dólares por defender un campeonato, vivía una relación que jamás quiso reconocer públicamente… ¡con una entonces poco conocida Laura León!
En la cima de su fama, Pipino era uno de los hombres más codiciados del país. Campeón mundial, dueño de un lujoso Corvette rojo, un diamante incrustado en cada uno de los dientes y una colección de joyas, también contaba con la protección del poderoso Arturo Durazo Moreno, quien apostaba fuertes sumas de dinero a sus peleas.
Pero el golpe más inesperado ocurrió fuera del ring. Según quienes convivieron con él, el boxeador quedó completamente enamorado de la joven tabasqueña que soñaba con triunfar en el espectáculo: Laura León.
El romance floreció pero bajo una condición innegociable: nadie podía enterarse. Pipino quería una relación estrictamente privada y, a cambio, la colmó de lujos.
Laura lo llamaba cariñosamente «mi niño», mientras él le compró un automóvil para que dejara de usar taxis y Metro, le regaló un departamento y la llenó de joyas.
Pocos saben que este apasionado romance coincidió con la etapa en que comenzó el declive deportivo del campeón.
Aunque siempre fue reconocido por su disciplina, esta historia permaneció oculta durante décadas y nunca fue parte de la imagen pública de ninguno de los dos.
El destino terminó llevándolos por caminos muy distintos. Pipino Cuevas dejó atrás los cuadriláteros y más tarde fue director deportivo en la Delegación Gustavo A. Madero.
Laura León, en cambio, conquistó la televisión y se convirtió en una de las figuras más queridas del espectáculo mexicano.
Un amor que se vivió entre cuatro paredes, rodeado de lujos, promesas y un silencio que ambos guardaron durante años.

