Religión

La obediencia al Papa termina cuando comienza la desobediencia a Dios

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Jueves 2 de julio de 2026

Monseñor Viganò, afirmó una vez más, certero:
Ceder a las amenazas o a las promesas de Roma ya ha demostrado ser un camino ruinoso y condenado al fracaso.»

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X está plenamente justificada al invocar el estado de necesidad para conferir consagraciones episcopales sin mandato pontificio.

Y, si su venerable Fundador aún estuviera entre nosotros, sin duda consideraría estas consagraciones indispensables, no solo para la supervivencia de la Fraternidad, sino también, y sobre todo, para la defensa, en favor de toda la Iglesia, del Depósito de la Fe (Depositum Fidei), del sacerdocio y de la Santa Misa, garantizando así una sucesión apostólica no contaminada por ritos dudosos ni por doctrinas heréticas.

En efecto, difícilmente sería una actitud católica preocuparse más por el propio Instituto que por todo el cuerpo eclesial; y el estado de necesidad invocado para el bien de las almas perdería su legitimidad si se refiriera únicamente a la salus Fraternitatis («salvación de la Fraternidad»).

Si Monseñor Marcel Lefebvre ya denunciaba las desviaciones conciliares en tiempos de Juan Pablo II, hoy, sin duda, denunciaría la apostasía sinodal con aún mayor firmeza.

Ceder a las amenazas o a las promesas de Roma ya ha demostrado ser un camino ruinoso y condenado al fracaso; quienes dejaron Ecône para incorporarse a la Fraternidad Sacerdotal San Pedro lo saben muy bien, pues muchas de las promesas que se les hicieron antes de su salida quedaron, en gran parte, sin cumplirse.

Después de Traditionis Custodes —que sigue plenamente vigente— sería todavía más imprudente atender al llamamiento hecho por el cardenal Müller en el reciente Consistorio para reproducir el mecanismo coercitivo del Motu Proprio Ecclesia Dei, que concede libertad litúrgica a cambio de una sumisión doctrinal y moral al Concilio Vaticano II y a su versión sinodal.

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