Secuestro entre risas


Martes 30 de junio de 2026
En la fotografía todos sonríen.
Pero uno de ellos sostiene una pistola contra el cuello del piloto y el avión acaba de ser secuestrado.
La imagen fue tomada el 14 de octubre de 1980 dentro de un Boeing 727 de Turkish Airlines llamado Diyarbakır. La aeronave venía de Múnich y, después de hacer escala en Estambul, había despegado hacia Ankara.
Entre los pasajeros viajaba Coşkun Aral, un joven fotoperiodista turco que terminaría documentando guerras y conflictos en distintos lugares del mundo.
El trayecto entre Estambul y Ankara debía durar unos cuarenta minutos. Cuando transcurrió más de una hora sin que comenzara el descenso, los pasajeros comprendieron que algo no iba bien.
Entonces se escuchó un anuncio.
Cuatro militantes islamistas habían tomado el control del avión para protestar contra el gobierno militar establecido en Turquía apenas un mes antes. Su intención era llegar a Irán y, posteriormente, viajar a Afganistán.
Mientras el miedo se extendía por la cabina, Aral hizo lo que mejor sabía hacer.
Sacó su cámara.
Comenzó a tomar fotografías discretamente y después tuvo una idea todavía más arriesgada: pidió entrevistar a los secuestradores.
Al principio lo rechazaron. Poco después, uno de ellos se acercó y lo condujo hasta la parte delantera del avión.
Aral descubrió que habían ocultado el arma dentro de un diccionario árabe ahuecado. Cuando se abrió la puerta de la cabina, escuchó algo que parecía imposible en aquel momento:
Risas.
Uno de los secuestradores mantenía la pistola apoyada cerca del cuello del piloto. El capitán, intentando reducir la tensión, le dijo que no la presionara porque le hacía cosquillas y podía provocar que perdiera el control del avión.
Otro hombre presente bromeó ofreciendo su propio cuello.
Durante unos segundos, el miedo dio paso a una carcajada nerviosa.
Aral levantó la cámara y disparó.
La fotografía congeló una escena difícil de comprender fuera de su contexto: un hombre armado sonriendo, el piloto riendo y varias personas reunidas en una cabina que seguía bajo amenaza.
No era tranquilidad.
Era una reacción humana en medio de una situación extrema, una breve descarga de tensión cuando nadie sabía cómo terminaría el vuelo.
El avión aterrizó en Diyarbakır para abastecerse de combustible. Tras varias horas de negociaciones, las fuerzas de seguridad ingresaron en la aeronave, redujeron a los secuestradores y evacuaron a los pasajeros. La intervención dejó personas heridas.
La experiencia tampoco terminó inmediatamente para Coşkun Aral.
Como había permanecido junto a los secuestradores y los había fotografiado, fue detenido durante varios días mientras las autoridades investigaban su participación. Finalmente quedó en libertad y sus imágenes comenzaron a circular internacionalmente.
Aquella fotografía impulsó su carrera, pero su fuerza no está únicamente en haber sido tomada durante un secuestro.
Está en la contradicción que conserva.
Una pistola, un piloto amenazado y varias personas riendo durante unos segundos, no porque hubieran dejado de sentir miedo, sino porque a veces la mente necesita encontrar una salida incluso cuando el peligro continúa sentado a su lado.

